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"Es un día muy duro, pero reconstruiremos lo que haya que reconstruir y volveremos a volar. Merece la pena". Con estas palabras en la red social X, el magnate Jeff Bezos, propietario de la empresa aeroespacial Blue Origin, reaccionaba a la espectacular explosión de su supercohete New Glenn la pasada madrugada. El accidente, que originó una enorme bola de fuego que iluminó el cielo de Florida, ocurrió durante una prueba estática rutinaria de los motores en la plataforma de lanzamiento LC-3 de Cabo Cañaveral, que afortunadamente no provocó heridos. "Es demasiado pronto para conocer la causa, pero ya estamos trabajando para encontrarla", aseguró el empresario.
Este gran cohete de 98 metros debía realizar a partir del 4 de junio su cuarto vuelo con la misión de poner en órbita 48 satélites para la constelación Leo de Amazon. Con esta red de internet, Bezos aspira a convertirse en el principal competidor de Starlink, la constelación de satélites de comunicaciones de SpaceX, la empresa de Elon Musk.
La destrucción de su cohete estrella se ha producido además en una semana particularmente feliz para Bezos, pues apenas 48 horas antes recibía una de las mejores noticias que podían darle: el pasado martes, la NASA anunció en rueda de prensa que Blue Origin será una de las empresas estratégicas en la construcción de la base que EEUU quiere empezar a levantar este año en el polo sur de la Luna.
Se trata del proyecto estrella del programa Artemis con el que EEUU intenta adelantarse a China en la exploración de nuestro satélite. Por ello, la explosión del cohete New Glenn supone también un serio contratiempo para el regreso a la Luna de la NASA.
El director de la agencia espacial de EEUU, Jared Isaacman, explicó que el impacto que la explosión puede tener en el programa lunar Artemis y en las misiones a corto plazo se determinará tras una "investigación exhaustiva de esta anomalía" y recordó que "desarrollar una nueva capacidad de lanzamiento de carga pesada es extraordinariamente difícil".
La NASA cuenta con la empresa de Bezos tanto para la construcción de la mencionada base lunar como para las misiones Artemis. Pero para hacer realidad esos planes, hace falta el cohete New Glenn que acaba de saltar por los aires.
Tras el éxito de Artemis 2, el viaje tripulado que el pasado abril dio una vuelta a la Luna con cuatro astronautas a bordo, la agencia está intentando acelerar los preparativos de Artemis 3, cuya tripulación será anunciada el próximo 9 de junio. Esta misión, prevista para 2027, tampoco alunizará: la nave Orión orbitará la Tierra y ensayará el acoplamiento en órbita con los módulos lunares que están desarrollando SpaceX (el Starship HLS) y Blue Origin (el Blue Moon). Esta maniobra de acoplamiento será esencial para el futuro alunizaje, previsto para 2028 con Artemis 4.
A falta de conocer los detalles de Artemis 3, la NASA ha adelantado que el acoplamiento de la nave Orión podría ser con uno de los dos módulos lunares en desarrollo o con los dos. Pero los cuantiosos daños provocados por la explosión hacen muy complicado que Blue Origin pueda recomponerse y consiga tener a tiempo para Artemis 3 su módulo lunar, el cohete New Glenn y la plataforma de lanzamiento, que tendrá que ser reconstruida.
La LC-3 es la única torre con la que cuenta la empresa para lanzar el cohete, así que de momento no existe la opción de despegar desde otra plataforma. A falta de una evaluación de los daños, las primeras imágenes tomadas al amanecer muestran que tanto la torre como las infraestructuras cercanas han resultado muy afectadas por el fuego, de modo que incluso acelerando los trabajos, difícilmente podría reconstruirla en menos de un año.
Asimismo, Blue Origin ha advertido de que restos del cohete calcinado pueden llegar a la costa en los próximos días y semanas, por lo que ha pedido a los ciudadanos que, en el caso de que encuentren algún componente, no lo toquen y avisen a la compañía para que pueda recuperarlo.
El accidente de la pasada madrugada supone también un duro golpe a las grandes ambiciones espaciales de Bezos, que desde hace años mantiene un pulso con Elon Musk por ser protagonista de la carrera lunar.
Con mucho esfuerzo y perseverancia, Bezos había conseguido en los últimos meses escalar posiciones y colocar a su compañía casi a la altura de SpaceX en lo que a los contratos de la NASA se refiere. Durante los últimos cinco años, la empresa de Musk, que ha revolucionado el mercado de los lanzadores con sus cohetes reutilizables Falcon, ha sido la preferida de la agencia espacial estadounidense, y fue la seleccionada en 2021 en el concurso lanzado en 2019 para fabricar el módulo del que descenderán los próximos astronautas que pisen la Luna, en el marco del programa Artemis.
La decisión enfadó a Bezos, que incluso llevó a la NASA a los tribunales para intentar que fuera su módulo, Blue Moon, el que transportara a los futuros moonwalkers a la Luna. No lo consiguió pero tras un largo proceso, en 2023 la NASA otorgó al fundador de Amazon un contrato para que su nave fuera utilizada en Artemis 5.
Ante los retrasos que estaba sufriendo el desarrollo del módulo de SpaceX, que será una versión adaptada de la nave Starship, la NASA baraja ahora que el módulo usado para el alunizaje pueda ser esa versión de Starship o la nave de Blue Origin.
Si SpaceX consigue tener a tiempo su vehículo Starship, cuya última versión fue probada con éxito la semana pasada, y la NASA acelera los preparativos, aún sería viable lanzar Artemis 3 el próximo año para ensayar el órbita el acoplamiento de Orión con al menos un módulo lunar. La NASA vuelve a depender por tanto de SpaceX para cumplir el calendario que culmine con la llegada de sus astronautas a la superficie lunar en 2028.
Paralelamente, se trabaja en la construcción de la base lunar, dirigida por el ingeniero español Carlos García-Galán. Su desarrollo se ha dividido en tres fases, y se prevé que esté lista en 2033. El plan es que la primera fase comience este otoño precisamente con una misión de Blue Origin, que ha ganado un contrato de la NASA de188 millones de dólares para llevar al polo sur varios rovers (vehículos robóticos exploradores).
La empresa de Bezos iba a estrenar su módulo lunar, Blue Moon Mark 1 Endurance, transportando cargas útiles para la NASA. El objetivo de esta misión no tripulada, que ahora queda en el aire, era llevar a la cresta Shackleton Connecting Ridge una serie de instrumentos láser y cámaras que ayudasen a las naves en órbita a determinar su posición con mayor precisión. La idea es ensayar capacidades que reduzcan el riesgo para los astronautas que alunicen en 2028. En 2026 están previstas otras dos misiones robóticas para la base lunar, a cargo de las empresas Astrobotic e Intuitive Machines.
Por otro lado, el cohete New Glenn, que hasta ahora ha hecho sólo tres vuelos, es utilizado por Blue Origin para poner en órbita satélites propios -está en desarrollo la mencionada constelación de internet Leo- como de otros clientes.
El tercer vuelo, realizado el pasado 19 de abril, no logró colocar en la órbita adecuada al satélite de telecomunicaciones que llevaba a bordo -BlueBird 7, de la empresa AST SpaceMobile-, por lo que se abrió una investigación para dar con la causa del fallo y se paralizó el programa. Sí consiguió recuperar la primera fase del cohete, pues al igual que los Falcon, el New Glenn es reutilizable.
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