惯性聚合 高效追踪和阅读你感兴趣的博客、新闻、科技资讯
阅读原文 在惯性聚合中打开

推荐订阅源

Google Online Security Blog
Google Online Security Blog
博客园_首页
酷 壳 – CoolShell
酷 壳 – CoolShell
Jina AI
Jina AI
博客园 - Franky
大猫的无限游戏
大猫的无限游戏
Hugging Face - Blog
Hugging Face - Blog
博客园 - 司徒正美
V
V2EX
雷峰网
雷峰网
云风的 BLOG
云风的 BLOG
V
Visual Studio Blog
F
Full Disclosure
Y
Y Combinator Blog
V
V2EX - 技术
Attack and Defense Labs
Attack and Defense Labs
S
Security @ Cisco Blogs
Schneier on Security
Schneier on Security
Microsoft Azure Blog
Microsoft Azure Blog
SecWiki News
SecWiki News
Cyber Security Advisories - MS-ISAC
Cyber Security Advisories - MS-ISAC
The GitHub Blog
The GitHub Blog
量子位
PCI Perspectives
PCI Perspectives
S
Secure Thoughts
D
Darknet – Hacking Tools, Hacker News & Cyber Security
AWS News Blog
AWS News Blog
Blog — PlanetScale
Blog — PlanetScale
爱范儿
爱范儿
K
Kaspersky official blog
B
Blog
A
Arctic Wolf
Hacker News: Ask HN
Hacker News: Ask HN
L
LangChain Blog
T
Tor Project blog
P
Privacy & Cybersecurity Law Blog
Recent Announcements
Recent Announcements
宝玉的分享
宝玉的分享
The Register - Security
The Register - Security
freeCodeCamp Programming Tutorials: Python, JavaScript, Git & More
L
Lohrmann on Cybersecurity
D
Docker
A
About on SuperTechFans
H
Hackread – Cybersecurity News, Data Breaches, AI and More
Google DeepMind News
Google DeepMind News
The Last Watchdog
The Last Watchdog
S
Security Affairs
钛媒体:引领未来商业与生活新知
钛媒体:引领未来商业与生活新知
P
Privacy International News Feed
Simon Willison's Weblog
Simon Willison's Weblog

Ciencia

暂无文章

Más de diez millones de menores de Asia y África han sufrido explotación o abusos sexuales online
Raquel Díaz · 2026-05-27 · via Ciencia

Actualizado

Internet suele concebirse como una promesa: más educación, conversación, conexión, todo un universo dentro del móvil. Pero un nuevo estudio publicado en Nature obliga a mirar la otra cara de esa expansión digital. En 12 países de África oriental y meridional y del sudeste asiático, uno de cada seis menores que usan internetdeclaró haber sufrido alguna forma de explotación o abuso sexual facilitado por tecnología.

El trabajo no nace de una muestra pequeña ni de un puñado de casos aislados. Los autores analizaron encuestas nacionales realizadas a 11.912 menores internautas de 12 a 17 años en 12 países de África oriental, África meridional y el sudeste asiático, desde Etiopía, Kenia o Uganda hasta Filipinas, Tailandia, Vietnam o Indonesia. El objetivo era poner cifras a una realidad difícil de medir: cómo la violencia sexual contra menores se está desplazando también hacia redes sociales, juegos online, chats y otros espacios digitales.

El dato central impresiona por su escala. El 17% de los menores internautas encuestados había vivido al menos una experiencia de este tipo. Ajustado por el nivel de acceso a internet en cada país, el equipo estima que más de 10 millones de niños, niñas y adolescentes pudieron estar afectados en solo un año. No es una cifra marginal ni un problema escondido en una esquina de la red: es una cuestión de salud pública, protección infantil y responsabilidad tecnológica.

El estudio no se limita a una sola forma de daño. Agrupa nueve experiencias, desde comentarios sexuales no deseados o el envío de imágenes sexuales hasta situaciones de coacción, chantaje, difusión no consentida de imágenes íntimas u ofertas de dinero y regalos vinculadas a explotación. La clave de los autores es hablar de abuso "facilitado por tecnología", no de un fenómeno puramente "online", porque muchas veces la frontera entre pantalla y vida real se rompe.

Las diferencias entre países también dibujan un mapa desigual. Vietnam aparece con una prevalencia estimada del 5,5% entre menores internautas, mientras Filipinas alcanza el 28,6%. Uganda, Mozambique, Kenia, Namibia o Tailandia también muestran cifras elevadas. El propio artículo advierte, sin embargo, que estas variaciones no deben leerse de forma simplista: pueden reflejar tanto diferencias reales de exposición como diferencias en la disposición a contar lo ocurrido.

Afecta a ambos géneros

Uno de los hallazgos más llamativos desmonta una idea bastante frecuente: el problema no afecta solo a las niñas. La prevalencia fue prácticamente idéntica entre chicos y chicas, con un 16,9% en ellos y un 17% en ellas. La edad sí marcó una diferencia clara: a medida que los menores crecen, aumenta la probabilidad de haber vivido alguna de estas experiencias.

Pero el verdadero agujero negro aparece después del daño. Más de la mitad de los menores afectados, el 51%, no se lo contó a nadie. Y quienes sí hablaron recurrieron sobre todo a su entorno más cercano: el 46% lo contó a amigos, el 26% a hermanos, el 21% a madres y el 20% a padres. Los canales formales apenas aparecen en la foto: solo un 3% recurrió a la policía, otro 3% a líneas de ayuda y un 9% a profesores.

Ese silencio no nace de la nada. La razón más repetida fue no saber a quién acudir ni dónde pedir ayuda. Después aparecen la vergüenza, el miedo a que contar lo ocurrido sea demasiado duro o la idea de que el incidente "no era lo bastante grave". Es uno de los puntos más delicados del trabajo: la protección infantil no empieza cuando una institución recibe una denuncia, sino mucho antes, cuando un menor sabe que existe una puerta y confía en que puede abrirla.

Ahí entra uno de los factores protectores más importantes del estudio: la mediación parental habilitadora. No se trata de vigilar cada gesto del adolescente ni de convertir el móvil en un dispositivo de vigilancia, sino de construir conversaciones abiertas sobre internet, riesgos y ayuda. Los menores con más apoyo parental en su vida digital tuvieron más probabilidades de revelar lo ocurrido.

También importó saber dónde buscar ayuda tras una agresión o acoso sexual. Los modelos bayesianos usados por los investigadores asociaron ese conocimiento con una mayor probabilidad de contar la experiencia, sobre todo a canales informales. Es un matiz importante: la educación preventiva no puede quedarse en el mensaje abstracto de "ten cuidado en internet". Necesita explicar rutas concretas, nombres, adultos de referencia, servicios y pasos posibles.

Teniendo en cuenta que el estudio solo incluye menores que usan internet, los datos son transversales y fueron recogidos antes de la explosión de la inteligencia artificial generativa. Los investigadores advierten que en la actualidad las cifras serán aún mayores, tenido en cuenta la proliferación de deepfakes sexuales o material sintético de abuso infantil.

Aun así, el mensaje es claro. La seguridad digital infantil no puede reducirse a hablar de tiempo de pantalla ni a culpar a las familias. Hace falta una red completa: escuelas que enseñen a pedir ayuda, padres que escuchen sin castigar, plataformas que detecten y respondan, policías preparados, líneas accesibles y políticas públicas que funcionen también fuera de los países ricos.