Entre 280 y 290 euros para la décima generación de uno de los marcos más respetados del circuito. Una actualización que va más allá de lo cosmético.

E.M.
Actualizado
La familia Wilson Blade lleva dos décadas siendo una referencia en el tenis de alto rendimiento. Con más de 35 títulos de Grand Slam atribuidos a la línea y jugadores como Aryna Sabalenka, Stefanos Tsitsipas o Jakub Mensik en el circuito profesional, la Blade ha ganado el respeto de tenistas de todos los niveles gracias a su precisión y su sensación de contacto. La v10 llega en 2026 con la ambición de ser la actualización más importante desde que existe la serie, y los primeros golpes en pista confirman que esa afirmación no es solo marketing.
La novedad estructural central es la tecnología TurboTaper. Por primera vez en la historia de la Blade, el perfil del marco ya no tiene un grosor constante: la sección varía a lo largo del aro, lo que reduce la rigidez en la garganta mientras mantiene la firmeza en la parte superior. El resultado práctico es inmediato: los golpes fuera del centro que con la v9 tendían a flotar o quedarse cortos ahora encuentran la pista con más consistencia, y la raqueta devuelve con mayor fidelidad lo que el jugador pone en cada golpe.

A esto se suma la tecnología StableFeel+, que endurece la flexión horizontal del marco para reducir el bamboleo en impactos excéntricos, y una mejora en los controles de fabricación que sitúa la variación de peso entre unidades en ±5 gramos y la de swing weight en ±5 kg·cm², con lo que las diferencias entre raquetas de la misma referencia son prácticamente inapreciables. Para quienes juegan con dos marcos o buscan reponer uno existente, esta consistencia de producción tiene un valor real.
Una raqueta bonita, una raqueta de control
La elección entre los dos patrones principales de la Blade 98 define experiencias de juego distintas. La versión 16×19 es la más versátil: facilita el acceso al efecto, ofrece una respuesta algo más amplia y se adapta mejor a situaciones de presión o condiciones de viento. La 18×20, en cambio, es una herramienta de precisión quirúrgica que exige una técnica depurada y una buena colocación de pies; su mayor swing weight la hace menos manejable, pero recompensa al jugador que golpea limpio con una sensación de conexión excepcional.
En el apartado estético, la gama abandona el acabado mate de generaciones recientes en favor de un lacado brillante en verde Championship con detalles en infrarrojo, un cambio de registro que resulta más moderno y distinguido sobre la pista. No altera el rendimiento, pero sí la percepción del objeto. Es precioso.

Las únicas reservas son compartidas con toda la categoría: la Blade sigue siendo una raqueta de control, y no compite en potencia bruta con marcos como la Babolat Pure Aero 98 o la Yonex VCORE 98. Quien busque ante todo facilidad de golpe y potencia generada por la raqueta encontrará mejores opciones en otros segmentos. Pero ese no es el terreno en el que juega la Blade, ni el que ha jugado nunca.
Con un precio de entre 280 y 290 euros, la v10 se sitúa en la franja alta del mercado de raquetas de competición, alineada con sus competidoras directas. Para el jugador avanzado que prioriza el control y la sensación de contacto por encima de todo, es probablemente la mejor opción disponible en este momento.


























