



























Actualizado
La Concha de San Sebastián tiene algo que la convierte en una de las playas más míticas de España: una bahía cerrada, la isla de Santa Clara en el centro, las barandillas blancas que la acompañan y esa imagen urbana que casi todo el mundo identifica, aunque haya estado una sola vez en la ciudad.
La comparación parece difícil de trasladar a otro punto del mapa, pero en Cataluña existe una cala muy poco conocida que guarda algunas similitudes con el arenal vasco, aunque cambia el paseo marítimo por roca, vegetación mediterránea y un acceso mucho más exigente.
La cala en cuestión es Cala Tavallera, ubicada en el término municipal de El Port de la Selva, en el Alt Empordà, dentro del Parque Natural del Cap de Creus. Su ubicación ya marca buena parte de su carácter, porque queda integrada en uno de los tramos más abruptos y protegidos de la Costa Brava, lejos del modelo de playa urbana con paseo, aparcamiento junto a la arena y servicios a pie de toalla.
El enclave pertenece al sector conocido como la Mar d'Amunt, la franja norte del Cap de Creus. En este entorno aparecen otras calas del municipio, como Cala Tamariua, Cala Cativa, Cala Fornells o Cala Corquell, todas ellas asociadas a un litoral de piedra, senderos y pequeñas entradas de mar. Tavallera queda más apartada que muchas de ellas, al fondo de una lengua de agua que se adentra hacia tierra y que le da una forma muy marcada dentro del paisaje, una configuración que hace recordar en parte a la bahía de La Concha.
Esta semejanza tiene que ver, sobre todo, con la forma de bahía. Cala Tavallera se abre en una media luna protegida por los relieves del Cap de Creus, con dos extremos rocosos que envuelven el agua y reducen la sensación de mar abierto. La escala, eso sí, cambia por completo. Según datos oficiales, la cala mide 170 metros de longitud y 20 metros de anchura, unas medidas muy alejadas de las dimensiones del arenal donostiarra.
La playa combina arena gruesa, grava y cantos rodados, un tipo de superficie habitual en esta parte de Cataluña. El agua suele llamar la atención por sus tonos claros cuando el mar está tranquilo, algo favorecido por la propia configuración de la entrada de mar. Los acantilados y la roca oscura crean un contraste muy distinto al de La Concha, pero la lectura visual de bahía cerrada es la que ha alimentado la comparación entre ambas.
El otro rasgo importante es la ausencia de servicios turísticos convencionales. En Cala Tavallera hay antiguas barracas de pescadores y un entorno natural protegido, pero el visitante debe llegar con agua, comida, calzado adecuado y previsión. En la zona de baño falta la infraestructura típica de una playa urbana, por lo que en este caso la recompensa está en el paisaje y en el baño, con pocas concesiones a la comodidad.
El acceso es la parte decisiva del plan. Cala Tavallera queda a unos cinco kilómetros del casco urbano de El Port de la Selva, y el acceso de vehículos hasta la playa está restringido. La forma más cómoda de llegar es por mar, en embarcaciones procedentes de El Port de la Selva o Cadaqués, una opción habitual en temporada para quienes quieren evitar la caminata y fondear en una cala protegida.
La alternativa terrestre pasa por caminar. La ruta señalizada sigue el sendero GR-11 con indicaciones hacia Cala Tavallera y Sant Baldiri. El recorrido completo suma unos 15 kilómetros entre ida y vuelta. Cada trayecto puede realizarse en alrededor de un par de horas, por lo que se trata, sin duda, de una excursión exigente, especialmente cuando se plantea durante los meses de más calor.
El recorrido permite atravesar el paisaje del Cap de Creus y pasar por el entorno de Sant Baldiri, con restos de su antigua ermita. Es una salida atractiva para senderistas, pero exige una muy buena organización, consultar la previsión de viento y evitar las horas centrales de calor en verano. La tramontana puede endurecer mucho la experiencia en esta zona, tanto en tierra como en el mar, así que es importante tener este dato climatológico en cuenta para disfrutar al máximo de la escapada.
Desde Barcelona, el trayecto por carretera hasta El Port de la Selva ronda las dos horas, y desde Girona se sitúa en torno a una hora y cuarto. Una vez en el municipio, el coche debe quedarse antes de iniciar el tramo a pie.
Para quienes disfrutan descubriendo rincones prácticamente vírgenes, alejados de las playas más concurridas, Cala Tavallera es un plan difícil de igualar. La caminata forma parte de la experiencia y la recompensa llega al alcanzar una bahía de aguas cristalinas, rodeada de naturaleza y con algunos de los paisajes más espectaculares de la Costa Brava. Un destino perfecto para pasar el día entre senderismo, baño y tranquilidad en pleno entorno del Cap de Creus.
此内容由惯性聚合(RSS阅读器)自动聚合整理,仅供阅读参考。 原文来自 — 版权归原作者所有。