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El homenaje a Rosa Esteve en el Ayuntamiento de Barcelona empez� como acab�. Con un sentido y sonoro aplauso a la mujer que revolucion� la escena gastron�mica de la ciudad a finales de los 80. Casi a la par que Ferran Adri� se hac�a con las cocinas del Bulli y el mismo a�o que los hermanos Roca abr�an su Celler de Girona. Se cumplen ahora 40 a�os.
"El Celler de Can Roca ha llegado a cumbres ilusionantes porque t� has existido", desliz� Pitu Roca en su brillante dedicatoria a Rosa en un Sal� de Cent abarrotado entre familia, amigos, cocineros y cargos municipales.
"Te admiro. Te adoro. Te quiero", a�adir�a tambi�n el mediano de los tres Roca, ya que s�lo por ella y gracias a ella decidieron abrir un restaurante -como el ya extinto Moo- en Barcelona.
Palabras mayores. Tan francas y directas como a las que ten�a acostumbrados Rosa Esteve. A sus 85 a�os, no se puede expresar con fluidez ni hablar en p�blico por motivos de salud. El tributo result� tan emotivo como merecido. Impulsado por los colaboradores m�s leales de Rosa Esteve a lo largo de su trayectoria al frente del Grupo Tragaluz (1987) y liderado por el alcalde Jaume Collboni, quien reconoci� sentirse "orgulloso heredero de esas generaciones que transformaron Barcelona" para siempre. Para mejorarla, sin duda. Incluso antes de sus Juegos Ol�mpicos.
Rosa Esteva crey� que otra hosteler�a era posible con el Mordisco (1986), restaurante que inicialmente abri� en la misma calle Rossell� donde luego apostar�a por el hotel Omm (2003), que luego despedir�a con un fiest�n sin pol�ticos hace ya ocho a�os.
Aquel Mordisco fue el origen del grupo de restauraci�n Tragaluz, pionero en la apuesta por esa clase gastron�mica media que tantos imitaron luego de una Barcelona envidiada como nunca.
Esteva cre� a partir de Mordisco "espacios donde pasa la vida de una ciudad", seg�n Collboni. Con una determinaci�n y una tenacidad admirables. Sobre todo en aquellos 80 en los que no estaba bien visto que una mujer comiera sola.
Rosa apost� por sitios como lugares de encuentro y por conceptos gastron�micos en los que nadie hab�a reparado antes. Ya entonces gener�, viuda y con cuatro hijos, una actividad econ�mica y un volumen de negocio impensables para una empresaria de su �poca.
Esteva rompi� ciertamente moldes. Tambi�n por sus "aguijones y cojones", como bien apostill� Pitu Roca en su discurso escrito. Atrevida, lenguaraz, a veces inc�moda y siempre generosa, Rosa se gan� tantas simpat�as en su sector, como animadversi�n en el Consistorio. A excepci�n del ex alcalde Pasqual Maragall, a quien ella misma agradeci� por boca de su nieta Ale Lacour "que tanto yo como Barcelona creciera(mos)", nunca tuvo buena sinton�a con la clase pol�tica. Ni falta que le hac�a, a�adir�an muchos.
Otro primer edil como Xavier Trias, con quien se conocen "desde los 5 a�os", fue diana habitual de sus cr�ticas al Ayuntamiento. No por ello dej� Trias de acudir, como un ciudadano m�s, al homenaje de Barcelona a la Esteva.

Como lo hicieron el dise�ador Juli Capella y la dise�adora Cristina Casta�er; el propietario de Santa Eulalia, Luis Sans, o Ernestina y Paco Torell�, cuyo espumoso sirvi� para brindar por Rosa acabado el acto institucional.
El �nico mordaz en su declaraci�n de amor a Esteva fue el artista Javier Mariscal, amigo destacado de la empresaria hoy octogenaria. Fiel a su estilo outsider, completamente desatado, sin papeles ni complejos, Mariscal tild� de "casposo" el lugar elegido para el homenaje, al mismo tiempo que agradec�a a Collboni propiciar un tributo en vida a su Rosa del alma.
Mariscal era un habitual del primer Mordisco -el actual est� en el Passatge de la Concepci�-, ha ilustrado sus paredes y ha dise�ado incluso vajillas para el Grupo Tragaluz. Otro incondicional de Rosa Esteva como el bodeguero �lvaro Palacios fue el primero en besarla tras una intervenci�n plagada de elogios. �l resalt� la condici�n de "se�ora de Barcelona" de Rosa como gran anfitriona e incidi� en su mirada escrutadora a la par que "misteriosa".
Durante el tributo a su persona, Rosa habl� con los ojos, perfectamente maquillados. Se la ve�a emocionada y agradecida por un homenaje que parec�a no llegar nunca. Por eso quiso vivirlo hasta el final, pese a su movilidad reducida, y seguir la fiesta en el restaurante Cuines que el grupo Tragaluz tiene en el Mercat de Santa Caterina. El mismo donde los hermanos Javier y Sergio Torres tienen desde ayer su propia Parada con cocina a la vista.
Esta pareja de cocineros debe precisamente a Rosa el local de Les Corts en el que los Torres tienen hoy su triestrellado."Siempre nos ha ayudado mucho", afirman ambos. Por eso tambi�n sacaron ayer tiempo para arroparla en el Sal� de Cent del Ayuntamiento de Barcelona. Otros chefs como Albert Raurich, Albert Adri�, Max Colombo y Rafa Panatieri, quienes han tenido a Rosa Esteva como su clienta m�s exquisita -y cr�tica- tampoco faltaron a la cita. Todos "son familia" para ella.
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