
Hospital Sociosanitari Pere Virgili.AJ. BARCELONA
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Europa envejece. España, aún más. Lo que durante años fue una tendencia demográfica hoy se ha convertido en uno de los principales retos económicos y sociales de nuestro tiempo. Según las proyecciones oficiales, en las próximas décadas cerca de un tercio de la población española superará los 65 años. Este dato no solo anticipa una mayor presión sobre los sistemas de salud y protección social; dibuja también la emergencia de un nuevo sector estratégico: la economía del cuidado.
Hablar de economía del cuidado es hablar de salud, dependencia, atención domiciliaria, acompañamiento a personas mayores, integración social, discapacidad, salud mental y servicios comunitarios. Es, en definitiva, hablar de las profesiones que sostendrán la cohesión social de Europa en las próximas décadas.
Y ahí la Formación Profesional tiene una oportunidad histórica. Durante demasiado tiempo, la Formación Profesional fue contemplada como una vía secundaria, cuando en realidad representa uno de los instrumentos más eficaces para anticipar las necesidades reales del mercado laboral y de la sociedad. Hoy, la familia profesional de Sanidad es ya una de las de mayor peso dentro del Sistema de Formación Profesional, junto con los estudios vinculados a los servicios socioculturales y a la atención a la comunidad.
No estamos hablando únicamente de técnicos auxiliares de enfermería o profesionales de laboratorio clínico. Estamos hablando también de nuevos perfiles vinculados a la atención a la dependencia, la teleasistencia, la rehabilitación, la intervención social y la atención integral a las personas a lo largo de todo su ciclo vital.
Porque la gran transformación que tenemos delante no es solo tecnológica o energética. También es humana. La longevidad, que constituye uno de los grandes éxitos de nuestras sociedades, exige una respuesta estructural en términos de talento profesional. Cada año aumentará la necesidad de profesionales capaces de atender residencias, centros sociosanitarios, hospitales, servicios de atención domiciliaria y recursos comunitarios. Y esta demanda no será coyuntural, sino sostenida en el tiempo.
España, por su estructura demográfica, será uno de los países donde esta necesidad se hará más visible. Más personas mayores implican más necesidad de cuidados, más servicios especializados y, por tanto, más empleo cualificado.
La pregunta ya no es si harán falta estos perfiles. La pregunta es si estamos formando suficientes profesionales para responder a tiempo.
La Formación Profesional debe situarse en el centro de esta estrategia. No solo aumentando plazas, sino adaptando itinerarios, modernizando metodologías y conectando los centros con hospitales, residencias, servicios sociales municipales y empresas del sector salud.
La economía del cuidado no puede entenderse como un ámbito asistencial menor. Debe ser reconocida como uno de los grandes motores de empleo y desarrollo económico de la próxima década, al nivel de la digitalización o la transición ecológica.
Además, este ámbito ofrece una enorme capacidad de inclusión laboral y de movilidad profesional. Jóvenes que inician su itinerario formativo, personas adultas en procesos de recualificación o profesionales que necesitan especializarse encuentran en la Formación Profesional una vía directa hacia empleos con alta demanda y fuerte impacto social.
En el fondo, estamos ante una decisión de país. Invertir en Formación Profesional vinculada a la salud y a la atención a las personas es invertir en bienestar, en cohesión territorial y en dignidad. Es preparar a nuestra sociedad para uno de los mayores cambios demográficos de la historia reciente. La economía del cuidado no es una cuestión del futuro. Es el presente que ya ha comenzado. Y la Formación Profesional debe ser su principal palanca.
Fabian Mohedano es promotor de talento profesional.






















