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Los pacientes que murieron durante la Guerra Civil en psiquiátricos catalanes, uno de los lugares más mortíferos y a la vez más olvidados de la retaguardia, donde 5.715 personas fallecieron debido al hambre, la insalubridad y la superpoblación, reciben este sábado su primer homenaje.
Una placa conmemorativa en el cementerio municipal de Sant Boi (Barcelona) recordará a partir de ahora a las más de 2.000 personas que fueron enterradas en fosas comunes procedentes del complejo psiquiátrico de la ciudad, el centro que más víctimas concentró y que alcanzó en los meses más crudos del conflicto tasas de mortalidad de un 75 % que acabaron con la vida de 3.160 internos.
"Por primera vez, sus familiares tendrán un lugar donde ir a dejar los ramos de flores", ha indicado la integrante del colectivo de descendientes de víctimas Besnets per la Dignitat, Susanna Casellas, que, movida por el caso de su tía abuela, lleva años trabajando junto a las ahora más de cincuenta familias que conforman la agrupación para recuperar las historias de los internos y reivindicar su memoria.
"El reconocimiento es la prueba palpable de que las cosas están realmente tirando adelante", ha añadido el responsable del archivo de Sant Boi, Carles Serret, el primero en detectar un extraordinario aumento de la mortalidad en el psiquiátrico de la localidad durante la guerra, pista que motivó el "terremoto historicista" que empezó a destapar esta tragedia 20 años atrás.
Para ambos, el acto organizado junto al ayuntamiento y a la Dirección General de Memoria Democrática, adscrita al Departamento de Justicia, supone el "final de una primera etapa" en la que han logrado que la Generalitat encargase un estudio sobre el impacto del conflicto en los psiquiátricos al historiador Marcos Robles, que se establezca el primer listado completo de fallecidos y que los pacientes sean reconocidos como víctimas de guerra.
El conseller de Justicia, Ramon Espadaler, preside este sábado el acto de homenaje, junto a la alcaldesa de Sant Boi, Lluïsa Moret, y el director general de Memoria Democrática, Xavier Menéndez.
"Los psiquiátricos no dejaban de ser una prisión sin condena, centros donde la gente ingresaba prácticamente de por vida, aislada y con las posibilidades de salir muy limitadas", ha relatado Serret sobre las circunstancias en las que pasaron la guerra los internos, marcados por una "marginación endémica" que, lamenta, "todavía pagan".
Durante la Guerra Civil, Cataluña tenía 13 principales psiquiátricos, la mayoría de ellos en la provincia del Barcelona, que en 1936 acogían a unos 7.000 pacientes.
A partir de 1937 asumió su mando la Generalitat, que, aunque intentó aumentar la cobertura de los centros, no pudo evitar que se viesen afectados por la escasez y el mal estado de la comida -en ocasiones robada por los mismos sanitarios antes de que llegase a los internos-, el exceso de pacientes que asumieron las instituciones a medida que se reorganizaba la asistencia en la retaguardia, y a la insuficiente higiene y recursos básicos.
El Conjunto Psiquiátrico de Sant Boi, el mayor de Cataluña (3.160); el Instituto Mental de Sant Andreu, en Barcelona (776); el Sanatorio Martí Julià de Salt, en Girona (633); el Instituto Pere Mata de Reus, en Tarragona (487); y el Sanatorio Mental Municipal de Barcelona (228) fueron los centros con más muertes, especialmente en 1938, cuando la desventaja bélica del bando republicano agravó el efecto del conflicto en Cataluña.
La gran mayoría de esos fallecidos acabaron en las fosas comunes de los cementerios locales, lo que, sumado al estigma social que sufrían, contribuyó a que en muchos casos las familias les perdieran la pista hasta día de hoy.
"Los descendientes que se acercan a nuestro colectivo saben que tuvieron a algún abuelo o abuela en un psiquiátrico porque algún pariente se lo comentó, pero no conocen nada más", ha contado Casellas.
Es por eso que, tras conocer qué sucedió en las instituciones mentales, el colectivo reclama poder acceder a los expedientes de sus antecesores, algo que la representante del colectivo celebra que estén empezando a permitir archivos como el del Sant Joan de Déu, donde se conservan las fichas de la sección masculina del psiquiátrico de Sant Boi, a la vez que advierte que hay otros que todavía son "reticentes".
Las familias de las víctimas reivindican también que el resto de cementerios donde fueron enterrados pacientes de psiquiátricos se conviertan en lugares de memoria con placas como la que se estrena este sábado en Sant Boi, donde avanzan que se está trabajando en la instalación de un pequeño monumento en recuerdo a los fallecidos.
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