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Barcelona vivió este miércoles un momento histórico con la inauguración y bendición de la Torre de Jesucristo, el punto culminante de la Sagrada Familia. El evento, que coincidió simbólicamente con el centenario de la muerte de Antoni Gaudí, fue presidido por el papa León XIV ante una multitud que iluminó los alrededores del templo con pequeños faroles y miles de teléfonos móviles buscando inmortalizar el instante.
El espectáculo central fue una impresionante coreografía que combinó música, luz y tecnología punta. Una flota de drones proyectó en el cielo la efigie de Antoni Gaudí y, posteriormente, dibujó su célebre frase: 'Primer l'amor, després la tècnica' (Primero el amor, después la técnica). Mientras la torre se iluminaba progresivamente, el espectáculo culminó con un despliegue de fuegos artificiales que marcó el cierre de la jornada festiva.
Con sus 172,5 metros de altura, la Torre de Jesucristo ha convertido oficialmente a la Sagrada Familia en la iglesia más alta del mundo. La estructura está coronada por una cruz revestida de vidrio y 15.000 piezas de cerámica blanca esmaltada, un material diseñado específicamente para brillar con la luz del sol durante el día y, por la noche, mediante potentes focos que proyectarán haces de luz sobre la ciudad. Esta torre se suma a las otras 17 proyectadas para el templo, incluyendo las dedicadas a la Virgen María y los cuatro evangelistas.
Durante la ceremonia, el papa León XIV bendijo la torre desde la fachada del Nacimiento, alternando el catalán y el castellano en su intervención. El Pontífice calificó a Gaudí como el "arquitecto de Dios" y pidió que los fieles, al mirar la cruz que ahora corona la basílica, encuentren en ella un "árbol de la vida" y un testimonio de salvación. Aunque la torre ya es visible en su exterior, se espera que los trabajos interiores y los ventanales de la cruz puedan ser transitados por el público a partir de 2028.




















