























En la esquina de la calle Rosselló con la avenida Gaudí, miembros de la Asamblea Nacional Catalana (ANC), como Modest, Xavier y Josep, reparten estelades de cartulina entre los transeúntes que llegan a este cruce, en el que empieza uno de los puntos vallados del perímetro de seguridad próximo a la Sagrada Familia, poco antes de la llegada del Papa León XIV. Una mujer reprende airada al colectivo independentista: "Aquí venimos a rezar, así que menos banderitas".
"Sí, el Papa ha pronunciado cuatro palabras en catalán en los actos de ayer y en los de esta mañana, pero eso ha sido gracias a la presión que se ha ejercido en la última semana", dice Xavier. "Hoy es el centenario de la muerte de Antoni Gaudí, alguien que estuvo en prisión por hablar en catalán, cómo no vamos a presionar para que lo haga aquí", argumenta. Entre ellos se abre un debate sobre el papel del cardenal Juan José Omella, arzobispo de Barcelona, en toda esta polémica. Es decir, si ha hecho todo lo posible o no ante la Conferencia Episcopal y el Vaticano para que la lengua catalana sea utilizada en la inauguración de la torre de Jesucristo, el acto que cierra esta noche la segunda jornada en Cataluña del pontífice.

Enfrentamiento entre independentistas y partidarios de la unidad de España.
En la confluencia de las calles Rosselló y Sardenya, un cordón policial separa a un grupo de independentistas de otro con banderas españolas que había venido a contraprogramarlos. Los Mossos d'Esquadra tienen que intervenir para separarlos mientras se producía un enfrentamiento verbal.
Uno de los independentistas es Esteve, quien sostiene que «los castellanos tienen mucha fuerza en la Iglesia» y que, pese a declararse «religioso», reconoce que sólo ha acudido para participar en el «boicot».

Esteve, uno de los independentistas que protestó contra el Papa.Victoria RoviraAraba
Los separatistas entonan proclamas propias del procés, mientras sus contrarios gritan «esta es la juventud del Papa» y muestran una gran pancarta con el lema: «España será católica o no será».
Con todo, este encontronazo es puntual y no representa el espíritu global que se respira en las calles del centro de Barcelona, mayoritariamente llenas de feligreses que han acudido a ver a León XIV llegar a la Sagrada Familia.

Diana y Natalia esperando la llegada del Papamóvil.Gorka LoinazARABA PRESS
Es el caso de Diana y Natalia, quienes aguardan la llegada del Papamóvil antes de que gire en el último tramo antes de finalizar su recorrido. Ajenas a la disputa ideológica, explican que les gusta mucho "la enorme espiritualidad del Santo Padre". "Demuestra mucha cercanía con la juventud", alaba la segunda, que suele acudir los domingos a la parroquia de Virrei Amat. Diana, que hace lo propio en la iglesia Mayor de Santa Coloma de Gramanet, dice que Robert F. Prevost "ha recogido el legado humano de sus antecesores Francisco y Juan Pablo II".

Misioneras del Santísimo Sacramento y María Inmaculada.Gorka LoinazARABA PRESS
Muchos religiosos se aproximan a la basílica. Varias misioneras del Santísimo Sacramento y María Inmaculada reivindican: "Somos de todo el mundo, venimos de aquí, de Navarra, de Extremadura, hemos estado en África, en Hispanoamérica...". Ayer, cuentan, estuvieron en la vigilia celebrada en el Estadio Olímpico. "La experiencia fue muy bonita, pero había demasiadas escaleras", se quejan.

Miembros de la comunidad del Cordero.Gorka LoinazARABA PRESS
De Sevilla llega Luis, sacerdote de 30 años que constata el «entusiasmo de toda la nación» y asegura que León XIV «cree más en el mundo que el mundo en sí mismo». «Aportará paz, serenidad y unidad a la Iglesia», vaticina.

Luis, sacerdote de Sevilla.Victoria RoviraAraba
También vuelve a arropar al Papa un numeroso grupo de monjas y monjes de la comunidad del Cordero afincados en Carcassone (Francia) y Valencia, presentes también ayer en el acto celebrado Montjuïc. "Han sido días muy intensos", explica Reginald sobre el viaje realizado con parada inicial en Madrid.
Ricardo, de 22 años, llega a Barcelona desde Monistrol, una población situada a los pies de Montserrat. «Allí el aforo estaba completo», explica este obrero de la construcción que se declara «esperanzado sobre el avance del cristianismo en el mundo».

Ricardo, obrero de de 22 años.Victoria RoviraAraba
Cristian es un interiorista vecino de Barcelona que admite que León XIV no es su Papa predilecto -prefería a Francisco o a Juan Pablo II- y que comparece por su «sentimiento católico», pues dice «no creer mucho» en la institución de la Iglesia. Este treintañero anima al nuevo pontífice a acercarse a los jóvenes porque «puede determinar» el crecimiento de la comunidad cristiana.

Cristian, interiorista de Barcelona de 30 años.Victoria RoviraAraba
«Me mueve la fe. Sólo por eso estoy hoy aquí», alega David, trabajador de Correos de 54 años llegado desde la cercana localidad de Mataró y ataviado con un look motero que destaca entre los presentes. «Serán cinco segundos, pero sólo con verlo ya tengo bastante. Es el Santo Padre», abunda mientras critica el respaldo cerrado de León XIV a los inmigrantes: «Con eso no estoy de acuerdo».

David, de 54 años y trabajador de CorreosVictoria RoviraAraba
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