Anboto es la etarra ejemplar; Txapote, el diablo. Pero es curioso: cuando los jueces y las víctimas les preguntan, ambos responden exactamente igual

La ex jefa de ETA 'Anboto', saliendo de la cárcel, en marzo.EFE
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Dos viejos dirigentes de ETA encarnan hoy los dos caminos que han emprendido los presos de la organización.
Uno es Xabier García Gaztelu, alias Txapote: el minoritario espécimen del ala dura que no ha querido pasar por el aro de PSOE/Bildu, que impugna el viraje estratégico de Otegi y critica los pactos con la Fiscalía del Estado opresor.
Su hermoso y mayoritario reverso es María Soledad Iparragirre, Anboto. A ella el Gobierno vasco la presenta como ejemplar. La razón: ha participado en su programa de «justicia restaurativa» y ha escrito una carta a sus víctimas que justifica su salida escalonada de la cárcel, aunque la Justicia ha frenado la operación.
La carta de Anboto, de enero, fue un hito. Un giro esperanzador. Dice así:
«Quiero, mediante este escrito, expresar y definir claramente mi actual posicionamiento en cuanto a los hechos por los que cumplo condena. Por ello he realizado este escrito, para que conste a todos los efectos. Como ya he manifestado en diversas ocasiones, tanto por escrito como oralmente, asumo la total responsabilidad de los hechos por los que he sido condenada. En cuanto a las consecuencias que mis actos ocasionaron quiero manifestar que reconozco el dolor causado y tengo total consciencia de ello. En este escrito quiero mostrar mi pesar especialmente a las personas que sufrieron directamente las consecuencias y que cito seguidamente, así como a sus allegados: Estanislao Galíndez Llano, Antonio Ligero Hez, Rafael Mucientes Sanz, Luciano Cortizo Pasara [el segundo apellido se lee mal y es erróneo; el correcto es Alonso], Rafael Leiva Loro, Domingo Duran Diaz [Durán Díez] y José María Aguirre Larraona. Quiero manifestar igualmente que aunque las consecuencias de los hechos por los que he sido condenada son irreversibles, siento pesar por ello y pienso que ojalá no hubieran sucedido. (...). Atentamente, en el CP Gipuzkoa, a 26 enero 2026, Maria Soledad Iparragirre Guenetxea».
Y su firma final.
Pues bien: ayer Anboto estaba citada a declarar como imputada por ordenar el ataque a la casa cuartel de Santa Pola en 2002. ETA mató allí a una niña de seis años que se llamaba Silvia Martínez, y a Cecilio Gallego, un hombre de 57. El juez quería esclarecer aquel atentado, pero Anboto, atentamente, se negó a responder. Y es curioso, porque lo mismo hizo ayer el diabólico Txapote, investigado por el asesinato del coronel Pedro Antonio Blanco dos años antes: callar.
Si cuando los jueces y las víctimas preguntan, la etarra buena actúa igual que el etarra malo, cabe preguntarse para qué sirven exactamente esas cartas. O, mejor dicho, a quién.























