Editorial

Pasajeros desembarcan del 'MV Hondius' en el puerto de Granadilla (Tenerife).AP
Actualizado
Audio generado con IA
La gesti�n del desembarco del MV Hondius, epicentro de la crisis global del hantavirus, constat� ayer que Espa�a es capaz de articular un operativo sanitario y log�stico sensible para evacuar y repatriar con seguridad a decenas de pasajeros de m�ltiples nacionalidades. Sin embargo, lo sucedido este fin de semana tambi�n evidencia que la relaci�n del Gobierno de Pedro S�nchez con otras administraciones sigue marcada por una desconfianza y una forma de proceder que alimenta choques innecesarios incluso en situaciones excepcionales.
Conviene empezar por lo esencial: el operativo, que anoche permanec�a a�n abierto, funcion�. La evacuaci�n escalonada, el traslado de los pasajeros espa�oles al G�mez Ulla para cumplir la cuarentena obligatoria y la coordinaci�n de vuelos de repatriaci�n reflejan una capacidad de respuesta notable ante una crisis in�dita. Espa�a asumi� una responsabilidad delicad�sima en un contexto de alarma internacional y la resolvi� con solvencia. La crisis afectaba a competencias inequ�vocamente nacionales -como la seguridad mar�tima o los puertos del Estado-, por lo que correspond�a al Gobierno central asumir el mando. M�s cuando concurr�an organizaciones multilaterales como la OMS y el mecanismo europeo de protecci�n civil.
Pero reconocer eso no impide ignorar que la descoordinaci�n con el Gobierno de Canarias, que dej� claro p�blicamente que no autorizaba el desembarco, proyect� una imagen preocupante. El pulso pol�tico, las declaraciones cruzadas y la sensaci�n de improvisaci�n empa�aron un operativo que deb�a transmitir precisamente lo contrario: unidad y serenidad institucional.
El problema de fondo vuelve a ser pol�tico. S�nchez arrastra desde hace a�os una relaci�n �spera con las administraciones que no est�n gobernadas por sus aliados. El Ejecutivo har�a bien en entender que las emergencias sanitarias modernas no solo exigen medios t�cnicos y protocolos sanitarios, sino tambi�n instituciones que sean capaces de cooperar sin convertir cada crisis en un campo de batalla pol�tico.






















