El rotundo éxito del negocio editorial debería ser un estímulo para mejorar el rendimiento de los hábitos de lectura entre los más jóvenes

Miles de personas en la Feria del Libro de Madrid, en el parque del Retiro, en la edición de 2025.EUROPA PRESS
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La Feria del Libro de Madrid, un emblema de la agenda cultural española con dimensiones internacionales, arranca hoy su 85ª edición en un contexto marcado por la sólida expansión de un sector clave tanto para la industria editorial como para la difusión de la marca España en el exterior. La cita en El Retiro, que reúne a los principales autores y cerca de 600 sellos editoriales, llega después de que en 2025 el negocio del libro marcara un récord con cerca de 1.250 millones de euros facturados. Sólo en la última edición de Sant Jordi, el pasado 23 de abril, el gremio de libreros cifró en más de dos millones las unidades vendidas. Estamos ante un avance sostenido que, durante los últimos años, se ha visto espoleado por la internacionalización de las letras españolas.
Tal como informamos en La Lectura, España exportó en 2024 -último año del que hay datos- 24 millones de libros por un valor de 361 millones de euros. Esto no sólo se traduce en un impulso al comercio exterior, sino a la propia literatura española, que ha sabido abrirse un hueco en países tan exigentes como Francia, México y EEUU. Y ello pese a la competencia de la literatura inglesa, latina y asiática. En todo caso, se trata de una expansión que podría derivar en un gran desembarco de la cultura española en el mundo. Para ello sería necesario que existiera una ambición institucional capaz de situar la cultura entre las prioridades de Estado. Pero, sobre todo, que organismos como el Instituto Cervantes, que están llamados a actuar de motores de nuestro patrimonio cultural, no estuvieran sometidos a un sectarismo incompatible con la voluntad de cooperación y visión abierta que exige su relevante misión.
El crecimiento en las ventas de libros contrasta con las carencias de la Lomloe, cuya arquitectura pedagógica no ha permitido robustecer el hábito lector entre los más jóvenes. Además, según la OCDE, un tercio de los adultos presenta un nivel bajo de comprensión lectora, lo que sitúa a España peor que la media de países. El rotundo éxito del sector editorial debería ser un estímulo para mejorar este rendimiento.
























