Editorial
Machado no s�lo representa la impugnaci�n moral del r�gimen, sino la �nica alternativa de poder con capacidad de articular la reconstrucci�n nacional

Mar�a Corina Machado, durante la entrevista con EL MUNDO en Madrid.
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La cumbre de Barcelona impulsada por Pedro S�nchez ha servido para poner en evidencia una estrategia maniquea que ordena el mundo en un eje moral de buenos y malos, de pa�ses que estar�an en el lado correcto de la historia frente a otros que naufragan en la �ola ultraderechista mundial�. Un marco en el que S�nchez ha buscado de nuevo proyectarse como n�mesis de Donald Trump, esta vez arropado por l�deres como Lula, Gustavo Petro o Claudia Sheinbaum. Pero ese esquema bipolar -que supuestamente no distingue entre izquierda y derecha, sino entre dem�cratas y autoritarios- se resquebraja al verse confrontado con la realidad venezolana. Si la vara de medir es la democracia, el caso de Venezuela deber�a ser el m�s n�tido, y sin embargo resulta el m�s ambiguo. La complaciente interlocuci�n del bloque �progresista� reunido en Barcelona con el chavismo reciclado de Delcy Rodr�guez contrasta con la distancia hacia quien hoy concentra la legitimidad social y pol�tica de la oposici�n, Mar�a Corina Machado.
Una realidad convertida en clamor popular este fin de semana en Madrid. El ba�o de masas de Machado en la Puerta del Sol trasciende el reconocimiento simb�lico de la di�spora para convertirse en una demostraci�n de poder pol�tico medible en t�rminos de legitimidad, movilizaci�n y expectativa de gobierno.
Las im�genes hablan por s� solas: una plaza desbordada y calles adyacentes tomadas por venezolanos llegados de toda Espa�a que reclamaban para Machado un liderazgo cuya solidez es incuestionable. No hay hoy en el tablero venezolano otro dirigente con semejante capital pol�tico y adhesi�n transversal en una sociedad exhausta. La propia Mar�a Corina, en la entrevista que publicamos hoy, articula esa movilizaci�n en torno a un eje program�tico que pivota sobre la reclamaci�n de elecciones libres y supervisadas por un Consejo Nacional Electoral independiente. La l�der opositora invierte as� el argumento cl�sico del chavismo. No se trata de evitar las elecciones, sino de hacerlas posibles de verdad. Frente a un aparato chavista que controla todas las instituciones, Machado reivindica la mayor�a social.
En ese contraste se inscribe la negativa de la l�der opositora venezolana a escenificar un encuentro con Pedro S�nchez. Una forma de evitar que su figura se instrumentalice para blanquear una ambig�edad que perpet�a la deriva autocr�tica en Venezuela. El respaldo institucional recibido en Madrid, es, por el contrario, una clara toma de posici�n, basada en el reconocimiento de Machado como el rostro de la transici�n venezolana. Y en el hecho de que Mar�a Corina no s�lo representa la impugnaci�n moral del r�gimen, sino la �nica alternativa de poder con capacidad de articular la reconstrucci�n nacional.





















