Era previsible que el caso de Zapatero iba a terminar convertido en un nuevo asedio al lado correcto de la historia

José Luis Rodríguez Zapatero, durante un mitin del PSOE en la campaña de las elecciones andaluzas.MUNDO
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Las joyas de Zapatero han encontrado al fin una causa y esa es una gran noticia para este Gobierno. No es fácil movilizar unos rubíes en la lucha contra el imperialismo, pero no hay tarea imposible para nuestro oficialismo, que ya está entregado a la labor de convertir al ex presidente en una víctima de Trump.
Es más que probable que la Administración estadounidense le desee algún mal a este Gobierno español. En caso de que la Homeland Security se haya prestado a la colaboración policial sólo por un resentimiento diplomático, lo que indigna a una moral sana es que no lo haya hecho hasta ahora, que por razones inexplicadas haya demorado durante casi un lustro la entrega de una información valiosa para la persecución del delito. La pregunta, por tanto, no sería ¿por qué ahora?, sino ¿por qué no hasta ahora?
La razón de que no se vea así, sino al contrario, es que, al revés de lo que ocurría cuando el fiscal general reveló información confidencial del novio de Ayuso, en el caso de Zapatero las garantías han de prevalecer sobre el justo castigo.
Ni el móvil de Rodolfo Reyes dio origen a la investigación ni es el único indicio; ni siquiera es la fuente principal de sospechas sobre la actividad de Zapatero. De hecho, en este punto exacto de la investigación, el dispositivo juega un papel más trascendental para la defensa de Zapatero que para la instrucción.
Pretenden convertirlo en el objeto mágico de la historia que nos van a contar. Ya saben aquella de la morfología del cuento: el héroe, antes de poder enfrentarse a la prueba principal, recibe un agente auxiliar que le permite hacer lo que por sí solo no podría. Puede ser una espada, un anillo, una premonición, incluso. Los humanos, especie narrativa, siempre están contándose a sí mismos el mismo cuento.
El móvil de Rodolfo Reyes es el objeto mágico que permite convertir el precioso botín encontrado en la caja fuerte del despacho de Zapatero en un símbolo del pacifismo. Era previsible que el caso de Zapatero iba a terminar convertido en un nuevo asedio al lado correcto de la historia. Ya hemos dicho que siempre estamos contándonos el mismo cuento. Si aún conservara el sentido del humor, el ex presidente haría grabar en uno de sus deslumbrantes collares aquella inscripción de la guitarra de Woody Guthrie: «This machine kills fascists».


























