La sombra del burro
La soledad de Alejandro Luz�n, fiscal jefe de Anticorrupci�n, es la de todos los funcionarios que todav�a sostienen la frontera entre el Estado y su colonizaci�n

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Durante buena parte del informe final del fiscal jefe Anticorrupci�n Alejandro Luz�n en el juicio que implica a la mano derecha del presidente, fue inevitable evocar la normalizaci�n de la corrupci�n org�nica que retrataba Luis Garc�a Berlanga: la manera casi burocr�tica en que una maquinaria institucional absorbe la conducta desviada, la vuelve rutina y la disuelve en tr�mites, favores, curr�culos, accesos, pisos y �ya me dices�. Toda una forma de organizaci�n social y una arquitectura moral del poder.
En su alegato est� todo: la naturalidad del enchufe –�es una tradici�n�–, la influencia pol�tica como cadena ilimitada de mando –�un contexto cuasi colonial en el que la mera sugerencia del ministro se convierte en orden ejecutiva�– y la confusi�n consciente entre Estado, Gobierno, partido, red personal y beneficio privado –�una conciencia de dominio pleno sobre sociedades estatales�–. Lo inquietante no es s�lo lo que ocurre, sino la facilidad con la que sucede: no habr�a sido posible hacerlo as� si no fuese por la cercan�a real y exhibida de Jos� Luis �balos y Koldo con el jefe del Ejecutivo. Es desolador que algunas de nuestras inercias m�s profundas sobrevivan a todos los cambios pol�ticos.
S�lo he encontrado una entrevista publicada a Alejandro Luz�n. Fue en la Revista Internacional de Transparencia e Integridad, en 2018, con Mariano Rajoy todav�a en el poder: �Creo que en la percepci�n ciudadana, desde luego en la m�a propia, no existe un problema de corrupci�n en la Administraci�n, m�s all� de que puedan producirse casos muy puntuales�, dec�a, sin dejar de expresar su preocupaci�n por el impacto democr�tico de los casos que en aquel momento se investigaban.
Ocho a�os despu�s, que son los de Pedro S�nchez, el aldabonazo c�vico con el que concluy� el primer juicio contra la corrupci�n del Gobierno son� como un hondo lamento: �Deslegitiman el Estado de Derecho las actuaciones de los poderes p�blicos que normalizan o minimizan conductas de corrupci�n o descalifican a quienes tienen la responsabilidad de perseguirla; la corrupci�n pol�tica est� carcomiendo nuestro sistema democr�tico�. La diferencia no est� en la gravedad comparada de las venalidades de entonces con las de ahora, sino en ese eco de desmoralizaci�n, aislamiento y soledad de los servidores p�blicos que todav�a sostienen las instituciones con su compromiso �tico. Solos ante el peligro.
Luz�n levanta acta de un deterioro democr�tico: la corrupci�n ya no comparece como excepci�n vergonzante, sino como rutina funcional a la que acompa�a todo un ecosistema de poder que promueve la impunidad de manera desacomplejada y la coacci�n sobre quienes tratan de combatirla.
S�nchez aprovech� la debilidad personal de �lvaro Garc�a Ortiz, su servil disposici�n al poder, para imponer la identificaci�n partidista como criterio supremo e intimidatorio en la Fiscal�a. Hoy nos descubre �ngela Martialay que la injerencia pol�tica para cortar el hilo del que parten todas las investigaciones la inici� �l: sin duda siguiendo indicaciones del Ejecutivo, convoc� a Luz�n para abroncarle tras enterarse por EL MUNDO de que hab�a apoyado la libertad de V�ctor de Aldama para incentivar su colaboraci�n.
Las presiones de su heredera, la conspicua Teresa Peramato, para evitar que le aplicase la atenuante muy cualificada pretenden cortocircuitar la conexi�n que permitir�a alcanzar el coraz�n de la organizaci�n criminal que operaba en el seno del Gobierno, porque lo importante est� por llegar: se encuentran bajo secreto las grandes tramas de ama�os de adjudicaciones a trav�s de Santos Cerd�n y la de la presunta financiaci�n ilegal del PSOE. En paralelo, se ha activado la habitual atm�sfera de infamias en abrevaderos digitales y redes sociales contra Luz�n. Cuando alguien con su trayectoria y autoridad introduce esa acusaci�n sist�mica, se convierte en contrafigura moral y objetivo pol�tico. Los medios de referencia miran hacia otro lado con indulgencia: tampoco es para tanto.
Roberto Benitoreflexionaba aqu� hace poco sobre c�mo las promesas de regeneraci�n se fueron con el sanchismo como l�grimas en la lluvia: �Ning�n atisbo de mejora democr�tica se ve hoy en quien gobierna de espaldas al Congreso, no presenta Presupuestos y aspira a eternizarse en el poder. Y en ning�n lugar como en la corrupci�n se contempla mejor el declive�. La polarizaci�n que anida en la ra�z del proyecto pol�tico act�a al mismo tiempo como garant�a de impunidad. El abuso ya no se oculta, busca protecci�n ideol�gica, coartada partidista y cobertura emocional. El esc�ndalo moviliza. Muchos de los que anta�o denunciaban la corrupci�n del PP, hoy se han convertido en parte del negocio. La soledad de Luz�n es la de todos los funcionarios que todav�a sostienen la frontera entre el Estado y su colonizaci�n.

























