En él confluyen varios aspectos que han definido la forma de gobernar de Pedro Sánchez y el clima moral que ha fomentado durante estos años

Leire Díez, la 'fontanera' del PSOE, durante una rueda de prensa.AFP
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El caso Leire es el escándalo más grave de todos los que se han conocido durante la etapa sanchista. Al mismo tiempo, es el escándalo que encaja de forma más natural en esa etapa. Porque en él confluyen varios aspectos que han definido la forma de gobernar de Pedro Sánchez y el clima moral que ha fomentado durante estos años.
Desde el momento en que Sánchez llegó a la Moncloa, hubo dos cuestiones que fueron muy criticadas por el incipiente antisanchismo. La primera tenía que ver con sus alianzas, esto es, con el hecho de que los socialistas estuvieran dispuestos a gobernar con los sediciosos de 2017 -y con Bildu-. La segunda, y la más relevante para entender las cloacas de Ferraz, tenía que ver con la colonización de las instituciones. Pese a su discurso regenerador, pronto quedó claro que el nuevo Gobierno pensaba continuar y hasta agravar las peores prácticas de sus antecesores en este ámbito. Pero esto, que al principio parecía una forma de comprar lealtades y devolver favores, era el primer paso necesario para todo lo que se está conociendo ahora. Porque colonizar las instituciones es la condición necesaria para luego corromperlas, ya sea con vistas al enriquecimiento personal o al deterioro del Estado de Derecho por interés político. Hasta cierto punto es irrelevante si esa era la intención: lo que importa aquí es el efecto.
Hay un hilo de continuidad, en definitiva, entre el nombramiento de Dolores Delgado como fiscal general tras haber sido ministra de Justicia y las reuniones que Leire Díez habría tenido con Diego Villafañe, mano derecha de García Ortiz en la Fiscalía. Una continuidad que no tiene que ver con trayectorias individuales sino con una lógica de poder: cuáles son los criterios que animan los nombramientos del Gobierno, y qué dinámicas perversas ayudan a crear. Que la fontanera también tuviese reuniones con la directora de la Guardia Civil, que estuviera vinculada al presidente de la Sepi y que su operación hubiese estado amparada desde la secretaría de Organización del PSOE, muestra que estamos ante algo mucho más amplio que las andanzas de unos personajes turbios. El tiempo y la justicia dirán cuánto de todo esto era conocido por Sánchez: lo que ya está claro es que nos encontramos ante una radiografía devastadora del sanchismo.























