El chavismo ha construido un régimen que no puede proteger a sus ciudadanos cuando más lo necesitan

Pacientes en un hospital evacuado en Catia La Mar.AFP
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El doble terremoto que ayer sumió a Venezuela en el dolor y la destrucción castiga a un país fragilizado por el chavismo, que lo ha convertido en un Estado fallido incapaz de gestionar una catástrofe natural tras décadas de corrupción y destrucción institucional. Una nación rica que emerge hoy de la tragedia condenada a la precariedad por gobernantes que han dilapidado sus extraordinarios recursos y multiplicado sus vulnerabilidades.
Las primeras horas tras los devastadores seísmos fueron reveladoras. Mientras las estimaciones apuntaban a una tragedia potencial de enormes dimensiones, las autoridades tardaron tres horas en comparecer. Cuando Delcy Rodríguez apareció finalmente ante las cámaras, apenas pudo ofrecer información concreta sobre el alcance de los daños. En una emergencia de esta magnitud, la transparencia y la rapidez son esenciales para salvar vidas. El silencio oficial y el vacío informativo sólo contribuyeron a aumentar la incertidumbre y el miedo.
Venezuela llega a esta tragedia con unos servicios públicos exhaustos, una sanidad deteriorada, infraestructuras envejecidas y graves carencias logísticas. Incluso la escasez de combustible ha dificultado la utilización de equipos básicos de rescate. Son deficiencias que ya existían y que el terremoto simplemente ha puesto al descubierto.
La destrucción ha golpeado, además, zonas que ya arrastraban problemas de mantenimiento y falta de inversión. También ha expuesto el coste humano de la política de control informativo impuesta por el régimen. En las horas más críticas, millones de venezolanos dentro y fuera del país tuvieron dificultades para saber qué ocurría. Las restricciones sobre redes sociales y medios independientes, mantenidas desde hace años, se convirtieron en otro problema operativo. Cuando una catástrofe golpea, la información forma parte del sistema de emergencias y la opacidad, por el contrario, añade sufrimiento.
El emocionado llamamiento a la ayuda internacional de la líder opositora, María Corina Machado, y del ganador legítimo de las presidenciales, Edmundo González, apuntó precisamente en esa dirección:Venezuela se ha convertido en un Estado sin capacidad de respuesta y mucho más débil de lo que debería ser. Frente a esa imagen de improvisación, la comunidad internacional reaccionó con rapidez. Especialmente significativa fue la respuesta de EEUU, que tutela una compleja transición tras el derrocamiento de Maduro: Trump movilizó de inmediato a las agencias federales y ofreció asistencia masiva para las tareas de rescate y reconstrucción.
La magnitud final de la catástrofe tardará en conocerse. Pero ya existe una conclusión clara que el terremoto ha evidenciado: el chavismo ha construido un régimen que no puede proteger a sus ciudadanos cuando más lo necesitan.


































