El PNV desliza la inviabilidad de prolongar esta situación hasta 2027, aunque con la ambigüedad de quien sigue intentando arrancar concesiones

José Luis Rodríguez Zapatero, en su comparecencia en el Senado el pasado marzo.EUROPA PRESS
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La imputación de José Luis Rodríguez Zapatero ha colocado a Pedro Sánchez ante una situación políticamente insostenible. Zapatero ha sido durante años el principal referente ideológico del régimen de Sánchez, su negociador con el independentismo, su enlace privilegiado con el chavismo y el gran legitimador político de las alianzas que han sostenido esta legislatura. La caída judicial del llamado «líder moral» del PSOE deja así al descubierto una crisis mucho más profunda: la degradación progresiva del proyecto político construido por Sánchez desde 2018.
La gravedad del auto del juez José Luis Calama hace imposible seguir apelando al victimismo o a la teoría de la conspiración. La investigación describe una presunta trama internacional de tráfico de influencias y blanqueo articulada alrededor del rescate de Plus Ultra, con derivadas en Venezuela, China y Emiratos Árabes. Sociedades instrumentales, pagos opacos, comisiones, contactos con decisores públicos y utilización del prestigio institucional acumulado por un ex presidente para hacer negocios privados. Todo ello dibuja un escenario devastador para la imagen del Estado.
Pero el verdadero problema político es otro: Zapatero no actuaba en los márgenes del poder, sino en el núcleo mismo del sanchismo. Resulta imposible desligar al presidente del Gobierno de quien ha sido durante años su principal consejero político y diplomático. Sánchez convirtió al leonés en símbolo electoral del PSOE y en pieza clave de la supervivencia parlamentaria del Ejecutivo. Por eso el golpe afecta directamente a La Moncloa.
A estas alturas, la legislatura confirma su agotamiento. Sin presupuestos, sin mayoría estable, cercado por múltiples investigaciones judiciales y dependiendo cada vez más de socios que empiezan a marcar distancias, el Gobierno proyecta una imagen de descomposición. Incluso el PNV desliza ya la inviabilidad de prolongar esta situación hasta 2027, aunque lo haga con la calculada ambigüedad de quien sigue intentando arrancar concesiones competenciales mientras toma posiciones ante un posible cambio político. Porque no basta con insinuar preocupación ética mientras se continúa sosteniendo al Ejecutivo.
España no puede permanecer indefinidamente atrapada en esta agonía institucional. La acumulación de escándalos alrededor de Pedro Sánchez ha deteriorado gravemente la confianza pública y amenaza con erosionar aún más el prestigio internacional de nuestro país. El actual presidente del Ejecutivo ya no está en condiciones de afrontar esta situación ni ninguna otra. Lo responsable sería devolver la voz a los españoles. Cada semana que pasa sin convocar elecciones agrava la sensación de bloqueo, decadencia y provisionalidad que hoy transmite el Gobierno.

























