Ferraz ha sido algo así como el centro base de Leire Díez: allí recibía encomiendas, allí reportaba, allí se reunía y de allí cobraba

Leire Díez, la 'fontanera' del PSOE.
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Hay personajes tóxicos que van esparciendo veneno allí por donde pasan y contaminan todo lo que tocan. En política, donde se mercadea con el poder y también con el dinero, no son una especie rara. En las etapas de Gobierno del PP tuvimos a un tal Correa, a otro al que llamaban El Bigotes, a uno al que de repente le florecía un Jaguar en el garaje y, por supuesto, al tesorero esquiador que cultivaba billetes en Suiza. Antes que ellos también anduvieron en danza sujetos como Roldán, por cierto, director de la Guardia Civil; y tipejos tenebrosos como Amedo y Domínguez.
Como de las andanzas de todos estos ha pasado mucho tiempo, parece que nos hemos olvidado. Y no. La especie sobrevive con nuevos ejemplares. Nada se extinguió con la llegada de Aznar tras González; ni con la de Zapatero tras Aznar; ni con la de Rajoy tras Zapatero ni luego con el advenimiento de Sánchez tras esa moción de censura que serviría para limpiarlo todo y que ahora comprobamos que solo fue una estafa.
Jose Manuel Villarejo, ese personaje oscuro que se mueve por la red de alcantarillas, y la fontanera Leire Díez, salida no se sabe bien de qué agujero, son los exponentes de la supervivencia de un tipo de roedor infeccioso que siembra virus a su paso.
Para que estos personajes sigan coleando hace falta un ecosistema que los acoja y que los alimente. El PP ofreció cobijo a los suyos y así le fue. Y ahora, el PSOE asila a los propios y así le está yendo. Panorama negro negrísimo para un socialismo que parece no tener más pulso que el que mueve a Sánchez, el One. El hombre al que hoy le saltan todas las ranas en la charca.
Entre el ex comisario tabernario y la fontanera, es esta segunda la que ahora se lleva la palma. Leire es algo así como la villareja dos, capaz incluso de superar en fecunda sordidez y chabacanería al maestro de la grabación oculta, el engaño, el chantaje y el matonismo.
Su impresionante despliegue de contactos y manejos, bien anotados en una libretita, sólo ha sido posible porque la susodicha ha anidado en un hábitat que favorecía su crecimiento. Y esa holocenosis no ha sido otra que el Partido Socialista en la era del sanchismo.
El problema que tienen los especímenes ponzoñosos es que, a la postre, envenenan por contacto. Es esa su manera de consolidar la biosfera y reproducirse con comodidad.
En el caso de la fontanera, todo han sido facilidades. Díez tenía un cometido de las alturas y así, con salvoconducto y recomendación en el bolsillo, superaba obstáculos y se le abrían las puertas: la Guardia Civil, la Fiscalía General del Estado, la SEPI, Correos y, por supuesto, la sede del PSOE. Ferraz ha sido algo así como su centro base, el nido caliente: allí recibía encomiendas, allí reportaba, allí se reunía y de allí cobraba. También allí, incluso, celebraba mesa camilla con enviados de la mismísima Moncloa.
La actividad ha sido tan prolífica que su saliva venenosa ha provocado pandemia. Enfermos de más o menos gravedad van surgiendo como los hongos en humedales. La lista es ya interminable, y lo que queda por saber. Hay de todo: desde los que como ella, son nativos de la charca, a los que se prestaron después al chapoteo o simplemente cayeron en el lodazal por tontos. Se creían inmunes porque, a fin de cuentas, laboraban para el One. Todo está en la libretita, las siglas, también. Presuntamente, claro.

























