Comentarios liberales
Que la Iglesia siempre ha estado contra la guerra es mentira: v�anse las 'Cruzadas'

Jos� Cobo, cardenal arzobispo de Madrid.EFE
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La izquierda, que vuelve a ser -si es que alguna vez dej� de serlo- rabiosamente anticristiana, mima a los Papas, cardenales y obispos que le suenan ecum�nicos, suficientemente alejados de la revelaci�n y de la misi�n esencial de la Iglesia: guardar y transmitir la palabra de Dios. Sin revelaci�n, queda lo que ha dejado el Vaticano II: una burocracia elegante de actividades piadosas y orientaci�n izquierdista. Ni Juan Pablo II, con su anticomunismo militante; ni Benedicto XVI, con su rigor doctrinal, lograron cambiar la tendencia progre de los 60, letal para la Iglesia y, por su influencia social, para Espa�a. Ni la d�cima parte de los curas de entonces y cardenales que aspiran a que la prensa progre los bautice progresistas. El rojo Cobo pact� con Bola�os el asalto ilegal al Valle de los Ca�dos. Lo neg� y minti�. Ahora, te�ido de cuervo, es feliz con el discurso anti-Trump de Le�n XVI: no a la expulsi�n de inmigrantes ilegales y, sobre todo, no a la guerra.
Y como ni los curas se saben ya el catecismo, dicen que la Iglesia siempre ha estado contra la guerra, cosa rigurosamente falsa. Su doctrina, desde San Agust�n, se basa en la leg�tima defensa y en la defensa de la fe. Tiene que ser leg�timo el poder que declara la guerra, pero no por eso es ileg�timo. Y buscar la proporci�n entre el da�o recibido y el infligido. De hecho, no defenderse ni defender a las v�ctimas de una injusta agresi�n es una herej�a: la irenista, condenada por P�o XII en la Humani generis. El pacifismo de los 60 impregna esta actitud buenista, con aires luteranos, de�stas y pante�stas. Uno de los �ltimos actos de Francisco lo dedic� a la Pachamama, y el primer apoyo de Le�n XIV ha sido a una oneg� contra la miner�a. Sigue Tucho como prefecto para la Doctrina de la Fe y una arzobispa anglicana bendice curas en el Vaticano. Muy ecum�nico todo.
Pero que la Iglesia siempre ha estado contra la guerra es mentira. V�anse las Cruzadas. Y ning�n pa�s para probarlo como Espa�a, fruto heroico de la Reconquista. Si no viniera a respaldar la pol�tica sanchista sobre inmigraci�n a Canarias, y a ocultar la carta de los obispos espa�oles apoyando al bando nacional y la declaraci�n de Cruzada, el primer destino de Le�n XIV deber�a haber sido Santiago de Compostela, milenario lugar de peregrinaci�n de la cristiandad, hoy en estado de abandono o en grave peligro en todas partes. Y un rosario en el Valle tampoco habr�a estado mal. Pero si los obispos se averg�enzan de los m�rtires de la fe en 1936, �qu� cabe esperar? �De Roma viene lo que a Roma va�. Y aqu� la cruz va de cr�neo.





















