Fad Juventud cumple 40 a�os este 2026. �C�mo dir�a que ha sido su evoluci�n?La FAD ha realizado una transici�n. Arrancamos fundamentalmente por la crisis de la hero�na en los 80, as� que hab�a una necesidad de trabajar en el tema del consumo de drogas, en general. Nosotros nos dedicamos entonces a la prevenci�n, porque no hab�a tantas organizaciones enfocadas en ese �mbito. Una de las novedades fue trabajar mucho la prevenci�n m�s universal, que en el fondo es trabajar con poblaci�n m�s gen�rica, en las escuelas, aunque no sean posibles consumidores, y adem�s hacerlo en edades en las que todav�a se puede actuar, empezando a trabajar todo lo que llamamos factores de protecci�n, que tienen que ver con la impulsividad, la presi�n de grupo y toda una serie de cosas. Despu�s de 40 a�os, seguimos haciendo eso, pero de una manera mucho m�s sofisticada.�Cu�les son sus campos de acci�n?Tenemos varios bar�metros, un �ndice de desarrollo juvenil muy interesante con cinco dimensiones principales: vida, educaci�n, tecnolog�a, empleo y emancipaci�n. Somos una organizaci�n enfocada en el bienestar y desarrollo juvenil. Y tenemos dos ejes de intervenci�n fundamentales. Uno es la prevenci�n, sobre todo en tres bloques: el mal uso de la tecnolog�a, las adicciones en general y las violencias. Y el otro ser�a el desarrollo de competencias, que a veces son dos caras de la misma moneda. Intentamos quitarnos el adultocentrismo. A veces se habla con esa frase de �nuestros j�venes�, que yo no puedo con ella.�C�mo es la 'fotograf�a' del consumo de drogas entre los j�venes en 2026?Los datos de nuestro Estudes 25 demuestran que pr�cticamente han bajado casi todos los consumos. Lo que pasa es que siguen siendo prevalencias alt�simas. Es decir, que siga consumiendo alcohol un 70% de las personas entre 14 y 18 a�os en el �ltimo a�o no nos puede dejar tranquilos, aunque haya una bajada. Para nosotros es importante ir retrasando ese inicio: cuanto m�s tarde se consuma, menos efecto produce. No hay que criminalizar ni individualizar el consumo de drogas. Tiene un componente social muy importante, que tiene que ver con la presi�n del grupo, con la percepci�n que tiene la sociedad sobre las sustancias... Hay muchos factores que escapan al individuo y a su conducta en particular. Queda much�simo por hacer. Hay que seguir avanzando. Efectivamente, todav�a hay gente que dice �alcohol y drogas�, en lugar de asumir que el alcohol es una droga.�Se podr�a afirmar que, en lo referente a las sustancias, los j�venes cuidan su salud m�s que antes?Hay m�s posibilidades que hace 20 a�os de divertirse, de jugar a videojuegos... Hay un consumo m�s casero, menos 'fiestero', que llamamos nosotros. El cuidarse tambi�n est� un poco m�s presente. Vemos que se est� haciendo m�s ejercicio f�sico, aunque, como siempre en estas cosas, tiene la otra cara de la moneda: hay m�s preocupaci�n por la propia imagen, que puede tener que ver tambi�n con un efecto de la autoexposici�n o de la sobreexposici�n en redes sociales.�Hasta qu� punto es importante la informaci�n, si hablamos de drogas?Una informaci�n veraz, como la que hemos trabajado nosotros, es importante, pero no es el pilar de la prevenci�n. El pilar de la prevenci�n tiene que ver con entender por qu� decides consumir una cosa u otra, qu� beneficios crees que te est� aportando ese consumo, si eres consciente de que esos beneficios muchas veces son falacias... Todo ese tipo de cuestiones son muy importantes, y antes no se hablaba de eso. Ahora mismo hay mucha informaci�n de todo: sobre pornograf�a, sobre drogas, sobre conductas lesivas o sobre trastornos de la alimentaci�n. Entonces, es necesaria, pero no es suficiente.H�blenos, por favor, del desarrollo juvenil.Algunos problemas estructurales que son muy importantes tienen que ver con la precariedad laboral y la dificultad para la emancipaci�n, fundamentalmente por el problema de la vivienda. Si tienes uno de los salarios m�s bajos de Europa y el coste de la vivienda es alt�simo -porque se habla de que necesitas entre un 60% y un 80% del salario, dependiendo de d�nde te muevas, para alquilar una vivienda-, la situaci�n es muy complicada. La calidad del empleo juvenil todav�a tiene mucho margen de mejora, a pesar de que algunos indicadores tengan una tendencia positiva, como el desempleo. Pero hay que fijarse en variables como el salario medio, la temporalidad no deseada, la parcialidad no deseada o las oportunidades de primer empleo, que tambi�n son complicadas.�Qu� lugar ocupa ah� la formaci�n?Es una generaci�n m�s educada y m�s preparada, pero tambi�n, en muchas ocasiones, sobrecualificada para los empleos que consigue. Y eso conlleva frustraci�n. Somos uno de los pa�ses de Europa con mayor porcentaje de formaci�n universitaria. Y, sin embargo, surge la pregunta: ��para qu�?�, si luego no hay una correlaci�n clara entre el esfuerzo realizado, los a�os invertidos y el resultado final en el mercado laboral. Eso deber�a estar mucho m�s alineado. Todos esos factores hacen que no te puedas emancipar, y si no te emancipas no puedes iniciar tus trayectorias vitales. Y eso es clave para ser ciudadano con derechos y responsabilidades.Hablaba antes tambi�n del mal uso de la tecnolog�a.Los mundos digital y anal�gico est�n completamente entrelazados; ya no se pueden separar. Y ah� encontramos una serie de riesgos de los que los j�venes son en parte conscientes, pero para los que no han sido formados. No se les han dado herramientas, empezando por la m�s importante, que es el pensamiento cr�tico, para consumir informaci�n... o desinformaci�n.�Como cu�les?Hay que formar a los j�venes, a las familias, a los docentes. La industria tambi�n tiene responsabilidades. Incluso los creadores de contenido. Esto es un ecosistema muy amplio que atraviesa casi todo, as� que hay que actuar en muchas l�neas. Como sabemos que en ese entorno hay una mezcla de v�ctimas, agresores y espectadores, hay que trabajar con todos ellos. Igual que en el consumo de drogas, hace falta una prevenci�n universal. El que insulta tambi�n debe ser consciente de las consecuencias de ese insulto.Se habla �ltimamente de una epidemia de salud mental, sobre todo entre los adolescentes.Es una etapa en la que ocurren muchas cosas: construcci�n de identidad, asunci�n de riesgos, presi�n de grupo... La socializaci�n es clave. Por eso, cerrar la puerta y decir que �ya se le pasar� no tiene sentido. Hoy hay una reivindicaci�n generacional clara: la salud mental y el bienestar emocional son tan importantes como la salud f�sica. Si alguien dice que tiene ansiedad, no se trata de medicalizar autom�ticamente, sino de escuchar, entender, acompa�ar y generar redes de apoyo -que no redes sociales-. El entorno digital tambi�n influye aqu�. No creemos que haya m�s soledad por las redes en s� mismas; de hecho, muchas personas, especialmente las m�s diversas, encuentran en ellas redes de apoyo que de otra forma no tendr�an. Pero la otra cara es que, como seres sociales que somos, tambi�n necesitamos el contacto f�sico, entendernos, desarrollar la empat�a... y eso, en lo virtual, es un poco m�s dif�cil. Hablamos de la necesidad de equilibrar el bienestar emocional y el bienestar f�sico, especialmente en una etapa en la que los problemas f�sicos suelen ser menores que en edades m�s avanzadas, mientras que lo emocional est� en plena ebullici�n.�Y c�mo se lidia con ese asunto?Quiz� nos hemos pasado un poco de frenada: ahora se utiliza un lenguaje muy medicalizado. En lugar de decir �estoy triste�, se dice �tengo depresi�n�. Y en lugar de trabajar esa emoci�n, entenderla, hablarla, identificarla, a veces se recurre al camino corto. A pesar de que no todo el mundo puede o va a un psic�logo o psiquiatra, s� hay un cambio en la forma de entender estos procesos. Hay bastante patologizaci�n y medicalizaci�n, tanto en quienes pueden acceder como en quienes no. Y, adem�s, existe una brecha importante: las personas m�s vulnerables son las que m�s sufren problemas de salud mental y de malestar emocional, muchas veces por factores estructurales como los que mencion�bamos antes. Porque una de las grandes preocupaciones es: ��qu� voy a hacer con mi vida si no consigo trabajo?�. Ojo tambi�n con no saturar el sistema: si lo llenamos con situaciones que quiz� se podr�an abordar de otra manera, corremos el riesgo de que las personas que realmente necesitan atenci�n especializada se queden fuera.�Le parece que la juventud est� sobremedicalizada?Los datos muestran que efectivamente hay un incremento en el consumo de hipnosedantes, donde pueden incluirse los antidepresivos, tanto con receta como sin ella. Eso es preocupante. Puede que en algunos casos se est� recurriendo demasiado r�pido a la receta, cuando hay otras maneras de abordar determinadas situaciones. Y ah� entran cuestiones como el tiempo, la escucha, la comprensi�n. A veces estamos sustituyendo cosas muy b�sicas -como compartir, entender socialmente lo que le pasa a alguien- por soluciones m�s r�pidas. Si vamos hacia un modelo con menos interacci�n y menos apoyo colectivo, es m�s f�cil que se tomen decisiones individuales que no siempre son las m�s adecuadas.Quer�a preguntarle por la soledad no deseada.Cuando preguntamos por la felicidad percibida o la soledad no deseada, vemos que entre los j�venes -de 15 a 29 a�os- la percepci�n de felicidad no est� descendiendo, y est� muy apoyada en lo b�sico: la familia, los amigos.�Y qu� hay de la posible influencia de las redes sociales en el aumento de suicidios juveniles, como defiende Jonathan Haidt?No hay una curva ascendente clara de suicidios en Espa�a en las �ltimas d�cadas. De hecho, el n�mero se mueve en torno a los 290-300 casos en j�venes, y que sea la primera causa de muerte tiene m�s que ver con la bajada de otras causas, como los accidentes de tr�fico, que antes eran mucho m�s altos. Adem�s, Espa�a tiene una de las tasas de suicidio m�s bajas de la UE. Y eso tiene mucho que ver con factores como las redes de apoyo familiares y sociales. Establecer una relaci�n causal directa entre redes sociales y suicidio, sin m�s, me parece una simplificaci�n que puede llevar a desinformar. Es un fen�meno mucho m�s complejo. Eso no quiere decir que no haya que analizar los efectos de la tecnolog�a. Claro que los hay. Pero hay que hacerlo bien, porque si no, fallaremos en las soluciones. Tambi�n es cierto que esto nos ha sobrepasado un poco como sociedad. Ha habido cierta barra libre en algunos aspectos. Los modelos familiares han cambiado, hay menos tiempo, m�s presi�n... Todo eso influye. Pero tambi�n es verdad que las familias est�n hoy mucho m�s formadas que antes en cuestiones de crianza. Y, en cualquier caso, todas las revoluciones tecnol�gicas han generado alarmas similares. Ha pasado con la televisi�n, con el cine... Estamos en una revoluci�n que, aunque el discurso ya est� muy manido, es exponencial, una locura. Realmente la IA va a cambiarnos much�simas cosas. Antes, en una vida te pasaban tres grandes cambios; ahora nos pasan tres en cada minuto. Y claro, como personas somos adaptables, pero no tanto.�Hay qu� mantener alejados a los adolescentes de los tel�fonos m�viles? �Hasta qu� edad?A m�, personalmente, no dar un m�vil a una persona hasta los 16 a�os —cuando ya puede tomar decisiones sobre su cuerpo, sobre si trabaja o incluso sobre muchas otras cuestiones importantes de su vida— me parece incluso que puede ser infantilizarla. Lo que s� creo es que, igual que la est�s preparando para todas esas cosas de la vida, tambi�n tienes que prepararla para utilizar un m�vil con raz�n y con l�gica. No se trata de permitirle tenerlo en su habitaci�n las 24 horas, siete d�as a la semana, sino de pactar. Igual que pactas otras normas l�gicas de convivencia, como no poner los pies encima de la mesa mientras comemos. No se trata de usarlo como premio o castigo. Adem�s, en prevenci�n siempre decimos que, cuando algo se plantea como absolutamente prohibido, muchas veces genera el deseo de probarlo. Y adem�s t� te quedas muy tranquilo pensando que no tiene acceso a ello, y entonces ni se forma, ni se educa, ni se acompa�a, ni nada de lo dem�s. No te enteras, se transgrede, no se pide apoyo porque se est� haciendo a escondidas, y entonces rompes cosas muy b�sicas de la educaci�n: la comunicaci�n, las conversaciones, la confianza en que t� vas a ser el adulto de referencia.�C�mo educar en esta �poca?Educar no es crear una burbuja para que tu hijo o tu hija se mueva en un riesgo cero, porque eso no les hace capaces de enfrentarse a lo que luego se van a encontrar en la vida.�C�mo valora el desasosiego de la juventud?Quien maneja bien las redes sociales consigue influir, al menos en parte. Se aprovecha muy bien el desencanto, esa sensaci�n de �no hay futuro�, de desasosiego, de no saber hacia d�nde vamos, qu� pasa, cu�l va a ser la siguiente crisis. Porque claro, hay guerras, pandemia, incertidumbre... es un momento complicado. Y esa desaz�n hay gente que sabe capitalizarla mejor. Y lo hacen adem�s con mensajes que, en general, consisten en poner culpables: si no es la inmigraci�n, es esto; si no, es aquello. Y eso cala porque es un mensaje muy directo y muy emocional.�Se puede hablar de una brecha de g�nero?Hay un resquebrajamiento de la masculinidad hegem�nica. Lo que estamos viendo es mucho discurso del tipo: �Las mujeres ya se han pasado; al principio quer�an lo que fuese, pero ahora ya est�n en todos los sitios, tienen cuotas, ya no puedes hacer nada sin consentimiento, la violencia de g�nero se usa de forma falsa...�. Ya no se combate con datos. Nos pasa tambi�n con el negacionismo clim�tico. Los datos han dejado de ser la manera de convencer, de hablar o de razonar. Ahora ya es: �No quiero escuchar a estos porque son X�.�Qu� otros estereotipos sobre los j�venes habr�a que desterrar?No podemos generalizar. No hay una �nica juventud, hay muchas juventudes. Y aunque haya minor�as significativas y preocupantes, hay otra mayor�a muy importante de j�venes que sigue teniendo inter�s por las cosas, que es activista, que est� comprometida, que se moviliza. Hay preocupaci�n por el cambio clim�tico, por la justicia social, por cuestiones de igualdad. En muchos aspectos, tienen posiciones muy claras. Por ejemplo, la corrupci�n la perciben como algo mucho m�s grave que generaciones anteriores, y entienden que en determinadas cuestiones no hay marcha atr�s. Tienen relaciones m�s igualitarias, y eso se vive con bastante naturalidad. Por eso es importante no caer en la idea de que la parte m�s ruidosa representa al conjunto. Es al rev�s: la mayor�a es una generaci�n con muchas cosas claras, con capacidad cr�tica, con compromiso. Y, adem�s, hay una mezcla interesante: personas que pueden ser conservadoras en algunos aspectos y, sin embargo, tener posiciones ecologistas o de diversidad sexual muy claras. Es decir, ya no hay bloques monol�ticos.Pero s� que se percibe un empeoramiento de las condiciones de los j�venes respecto a sus padres.Hay elementos objetivos . Por ejemplo, la tasa Arope -de pobreza- es claramente m�s alta entre j�venes y ni�os que entre adultos o personas mayores. Y tambi�n hemos estudiado que hay una diferencia importante en las expectativas vitales. Aunque en nuestra generaci�n pudi�ramos tener tasas de paro muy altas, exist�a una expectativa compartida de progreso, de que, con el tiempo, las cosas ir�an mejor. Ahora esa expectativa no est� tan presente de forma colectiva. Y eso tiene mucho que ver con el contexto: crisis encadenadas, incertidumbre constante... Es un momento en el que cuesta "levantar cabeza", por decirlo as�. Es una generaci�n que necesita una enorme capacidad de adaptaci�n y flexibilidad. Y eso genera tambi�n desaz�n, porque la seguridad y la incertidumbre producen efectos muy distintos. De hecho, cuando preguntamos por el empleo, aparece con fuerza el valor de la seguridad. Algo que quiz� en generaciones anteriores no era tan central. En contextos de alta incertidumbre, la seguridad se convierte en un bien muy valorado.
Naci� en Madrid en 1963. Es psic�loga, MBA y m�ster en Transformaci�n Digital.
Ha trabajado en recursos humanos de Ono, Dell, Google o Ayuda en Acci�n. Ha colaborado en temas de bienestar digital, salud mental y adiciones en varios ministerios. Desde 2018 dirige Fad Juventud.