Otra historia
Cuando se cumplen 81 a�os de la derrota nazi, Berl�n aborda la revisi�n de los dos grandes tab�es heredados de aquel trauma hist�rico: el rearme y la pertenencia a la naci�n

Firma de la Constituci�n de la RFA en 1949.GETTY
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Alemania atraviesa, como el resto de Europa, un periodo de fatiga hist�rica que la est� llevando a revisar dos de sus grandes tab�es durante el siglo XX. Por un lado, el militar. Por otro, el jur�dico: los l�mites de la pertenencia a la naci�n. Ambos cuestionamientos nacen de la sensaci�n de que el orden construido despu�s de 1945 -a�o de una derrota nazi de la que hoy se cumplen 81 a�os- ya no sirve para navegar las tensiones del presente.
El rearme alem�n -iniciado con el cambio de era (Zeitenwende) proclamado por el ex canciller Olaf Scholz- rompi� con la doctrina pacifista de posguerra. Y ahora que Trump materializa el repliegue estadounidense llamando a consultas a 5.000 tropas desplegadas en el pa�s, Friedrich Merz acelera la modernizaci�n de la Bundeswehr como punta de lanza de una Alemania al frente de la autonom�a estrat�gica europea.
En paralelo cobra relevancia otro debate que amenaza los consensos sobre los que se ciment� la Constituci�n de posguerra, blindada frente a la exclusi�n como respuesta a las jerarqu�as raciales del nazismo. Hoy ese principio de rechazo a la discriminaci�n se cuestiona desde la cada vez m�s pujante ultraderecha de AfD, que condensa en la palabra �reemigraci�n� un ideario que parec�a desterrado por el horror del Holocausto.
Su propuesta de deportaciones masivas, incluidas las de ciudadanos naturalizados, es un misil contra la Ley Fundamental de 1949, columna vertebral de la Alemania renacida de las ruinas del III Reich. Su esp�ritu radicaba en impedir el surgimiento de otra maquinaria legal supremacista y se resum�a en el primer art�culo:�La dignidad humana es inviolable�.
En 1948, entre los muros de un id�lico palacio b�varo rodeado de lagos en la isla de Herrenchiemsee, juristas y pol�ticos trabajaron bajo supervisi�n aliada en el borrador con las bases del nuevo Estado occidental alem�n. Sobre aquel buc�lico paisaje planeaba una tormentosa obsesi�n: c�mo evitar que una democracia volviera a suicidarse legalmente, como hizo la Rep�blica de Weimar al entregar los instrumentos constitucionales a quienes la dinamitaron desde dentro. La nueva ley de leyes alemana qued� as� llena de candados contra el extremismo. No bastaba, por ejemplo, con permitir las elecciones; hab�a que impedir que una mayor�a ocasional pudiera abolir derechos fundamentales. Al fin y al cabo el nazismo no hab�a empezado en Auschwitz, sino en decretos, censos y exclusiones legalizadas.
As�, la Carta Magna se dise�� para impedir que el Estado volviera a convertir diferencias de origen en categor�as jur�dicas discriminatorias. Por eso la palabra �reemigraci�n�, coreada por los extremistas de toda Europa, tiene en Alemania una connotaci�n a�n m�s siniestra. En 2023 fue declarada palabra t�xica del a�o.


























