Están en juego el prestigio internacional y el liderazgo tecnológico, además de los recursos minerales del satélite terrestre

La tripulación del Artemis 2, de regreso en Houston.AP
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La misión Artemis 2 de la NASA, que ha llevado a cuatro astronautas a un viaje alrededor de la Luna durante 10 emocionantes días, ha marcado un importante hito tecnológico y ha logrado ilusionar al público de todo el mundo. El equipo formado por Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen se ha alejado de la Tierra más de lo que nadie había logrado nunca, al traspasar los 406.000 kilómetros de distancia, y ha demostrado que volver al satélite terrestre, que nadie ha pisado desde hace más de 53 años, es un objetivo viable, aunque aún quedan numerosas dificultades técnicas por resolver para poder retornar a su superficie.
Los cuatro viajeros espaciales reiteraron ayer desde Houston el mismo mensaje humanista que han expresado a menudo quienes tuvieron la fortuna de contemplar nuestro planeta desde el exterior: «Lo que me impactó no fue necesariamente la diminuta Tierra, sino toda la oscuridad que había a su alrededor. La Tierra era simplemente un bote salvavidas, imperturbable, en el universo. Planeta Tierra, sois una tripulación», dijo en una aplaudida intervención Koch, primera mujer en viajar a la Luna. La personalidad de los astronautas y la forma en que han sorteado los incidentes que han sufrido en el espacio, como el ya famoso problema con el retrete, han contribuido sin duda al entusiasmo que ha despertado su misión en audiencias de muy distintas procedencias y adscripciones ideológicas.
Sin embargo, al margen del indudable valor científico e histórico del retorno a la Luna, no podemos olvidar que EEUU se encuentra inmerso en una nueva carrera espacial, esta vez contra China, en la que no solo están en juego el prestigio internacional y el liderazgo tecnológico, sino también la eventual lucha por los recursos minerales que alberga la Luna. Una carrera cuyo objetivo final es establecer bases permanentes, para las cuales aún no existe la tecnología ni un plan realista. Pese a los optimistas plazos de la Administración Trump, que pretende alunizar en 2028, la nueva travesía espacial acaba de comenzar.



















