




















La UE ha dado un paso adelante en su intento de lograr estabilizar las relaciones con la Administraci�n Trump, tras las severas tensiones surgidas el pasado mes de enero sobre la soberan�a de Groenlandia y la oposici�n de los Estados miembros a la guerra de Ir�n.
De esta forma, en un claro intento de recomponer las relaciones trasatl�nticas y reducir los elevados niveles de incertidumbre que penden sobre las perspectivas econ�micas y financieras de la UE -y a nivel global, a medida que se prolonga el bloqueo del estrecho de Ormuz-, las autoridades comunitarias y los gobiernos europeos han acordado el texto final del acuerdo comercial con EEUU. En cualquier caso, el documento deber� ser ratificado por el Parlamento Europeo y los Estados miembros con el firme objetivo de que entre en vigor antes del 4 de julio. Es decir, la fecha l�mite fijada por el presidente Trump para endurecer nuevamente su pol�tica comercial hacia el bloque europeo y elevar el arancel sobre los autom�viles europeos a un 25%.
Junto a este paso, Bruselas tambi�n ha dado un giro estrat�gico al autorizar que la Comisi�n Europea negocie su incorporaci�n a la iniciativa Pax Silicia -creada por Washington en diciembre de 2025-, cuyo objetivo es configurar una cadena de valor alternativa para el suministro de semiconductores, infraestructuras de IA, tierras raras y centros de datos. En definitiva, se trata de acelerar la soberan�a estrat�gica en los denominados activos de seguridad nacional, y erosionar la capacidad de coerci�n econ�mica de China ante su dominio mundial del procesamiento y refino de tierras raras y la producci�n de magnetos. Este proyecto fue configurado en su fase inicial por la Administraci�n Trump, sus aliados tradicionales de la regi�n Asia-Pac�fico (Jap�n, Australia, Corea del Sur y Singapur), Reino Unido y un pa�s comunitario como Grecia. Una iniciativa a la que se han ido sumando de forma progresiva en los �ltimos meses Israel, Catar, Emiratos �rabes Unidos, India y Filipinas, as� como de forma individual Estados miembros de la UE como Suecia y Pa�ses Bajos.
Esta determinaci�n constata la imperiosa necesidad de la UE de evitar una ruptura abrupta y sist�mica con Washington, no s�lo por las repercusiones geoecon�micas y en la defensa del continente, sino tambi�n por la posibilidad de una era post-Trump dispuesta a recuperar parte de los guardarra�les que definieron su ascenso a potencia hegem�nica mundial. Un resultado adverso para el partido Republicano en las elecciones de midterm en noviembre podr�a provocar un punto de inflexi�n en el ideario MAGA y obligar a los representantes estadounidenses a tomar conciencia de las mayores consecuencias socioecon�micas y geopol�ticas que podr�an provocar la progresiva erosi�n de su soft power entre sus aliados tradicionales, y ante las potencias emergentes que no desean que sea China quien defina las reglas del nuevo orden mundial bajo el prisma del autoritarismo y la defensa impostada del derecho internacional. Una circunstancia constatada a nivel interno en el Tibet, en la represi�n a la etnia uigur, y en la erosi�n de las libertades en Hong Kong, pero tambi�n con su postura ambivalente sobre la guerra de Ucrania y la relevancia de su alianza estrat�gica con las dictaduras de Rusia, Ir�n y Corea del Norte.
M�s all� de estas consideraciones, la realidad es que Europa sigue sin mostrar una clara capacidad o voluntad de reescribir su futuro, y mostrarse como una potencia alternativa al binomio Trump-Xi Jinping. En un contexto en el que la cumbre entre ambos mandatarios ha dejado claros mensajes y advertencias. Por un lado, EEUU y China han fijado las prioridades de sus relaciones bilaterales comerciales, comprometi�ndose la potencia asi�tica a adquirir 17.000 millones de d�lares anuales de productos agr�colas hasta 2028 o a ampliar el suministro de tierras raras, entre otras medidas. Al mismo tiempo que la Administraci�n Trump ha rebajado las tensiones comerciales y optado por mantener la tregua arancelaria al menos hasta la pr�xima cumbre bilateral que se celebrar� en la Casa Blanca el pr�ximo mes de septiembre.
Por otro lado, en Pek�n tambi�n se han definido los t�rminos de la denominada rivalidad gestionada, evitando una ruptura total e instal�ndose en una competencia permanente. Un equilibrio complejo, ya que a corto plazo ninguna de las dos econom�as puede afrontar un choque directo, pero tampoco est�n dispuestas a renunciar a su liderazgo mundial y a su pol�tica de seguridad nacional.
China seguir� desplegando sus pasos para alcanzar la plena autonom�a estrat�gica, recuperar la soberan�a de Taiw�n y erigirse en la potencia hegem�nica del siglo XXI. Una realidad que ha quedado reflejada en la cumbre de Pek�n, en la que la potencia asi�tica ha consolidado su posici�n de igual frente a EEUU. Es decir, ha desplegado la imagen de un mundo en el que conviven dos l�deres, dos superpotencias, y en la que la relaci�n entre ambos pa�ses no estar� regida por la primac�a estadounidense, como se ha constatado ante el claro mensaje lanzado por el Gobierno chino sobre el futuro de Taiw�n.
Todo ello en una coyuntura en la que la visita del presidente Putin a China -en un momento complejo para su econom�a y en el que Ucrania ha demostrado su capacidad de recuperar territorio invadido por las tropas rusas y atacar con drones Mosc�- tambi�n reflejar� como el presidente Xi Jinping goza de una posici�n de dominio sobre Rusia. Un pa�s clave para asegurar el suministro de energ�a y otros insumos cr�ticos, demostrar al mundo hasta d�nde alcanza la esfera de influencia de la potencia asi�tica y, en �ltima instancia, fragmentar el proyecto europeo.
Un objetivo que parece emerger con mayor claridad no s�lo por los mensajes lanzados por el presidente Trump desde que arranc� su mandato, si bien su visi�n no es compartida por los ciudadanos estadounidenses, con un 60% mostrando una opini�n positiva sobre la UE y un 59% sobre el papel de la OTAN (Pew Research Center y Chicago Council on Global Affairs), sino tambi�n si se analizan las declaraciones oficiales de la reciente cumbre entre EEUU y China. Preguntado a la herramienta de inteligencia artificial Claude cu�ntas veces mencionaron los mandatarios estadounidenses y chinos en sus conversaciones o declaraciones institucionales a la UE, la repuesta ha sido clara y desoladora: ninguna. Por lo que ni el presidente Trump, ni el Gobierno de Xi Jinping consideran clave el proyecto europeo para la reconfiguraci�n del orden mundial.
Por tanto, a corto plazo y con la visi�n puesta en la necesidad de que las relaciones trasatl�nticas sobrevivan a la filosof�a MAGA, los europeos debemos asumir el complejo contexto econ�mico, tecnol�gico y geopol�tico que afrontamos. Es decir, necesitamos acci�n com�n, rapidez, y dejar atr�s viejos paradigmas. Los ciudadanos europeos debemos asumir que el mundo sobre el que construimos el Estado de bienestar, la seguridad y el progreso del continente desde la II Guerra Mundial, se ha desvanecido, y que se abre un tiempo en el que deber�amos exigir un liderazgo que trascienda al ciclo electoral nacional, los intereses partidistas y que explique con realismo que adem�s de transformar nuestro modelo de bienestar y de crecimiento es importante romper las fronteras ideol�gicas, culturales y geogr�ficas que nos separan.
El objetivo es que Europa exista y aglutine todas sus fortalezas para ser un contrapeso econ�mico, tecnol�gico y geopol�tico real. Por tanto, entender que Espa�a o sus CCAA pueden convertirse en meros t�teres en un mundo en el que el autoritarismo parece imponerse.
Alicia Coronil J�nsson es economista jefe de Singular Bank, asesora del C�rculo de Empresarios, y miembro del Consejo Asesor de LLYC
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