Si el presidente andaluz repite mayoría absoluta, quedará refrendada una fórmula basada en la gestión, la estabilidad y la ambición reformista

Juanma Moreno Bonilla, el sábado en Granada.EUROPA PRESS
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La posibilidad de que Juanma Moreno revalide la mayoría absoluta en Andalucía responde a la consolidación de un proyecto político que, tras dos mandatos, ha logrado asociar al PP andaluz con la estabilidad, la moderación y una gestión reconocible. Si la encuesta de Sigma Dos para EL MUNDO se confirmara en las urnas, el 17-M certificaría algo más que una victoria regional: acreditaría que la comunidad más poblada de España sigue apostando por los espacios de centralidad frente a la polarización nacional.
Ese es el dato políticamente más relevante. Moreno se mueve en porcentajes casi idénticos a los de su mayoría absoluta de 2022 y podría incluso mejorarla en escaños. No parece el resultado de una movilización ideológica excepcional, sino de una fidelidad asentada sobre la percepción de buena gestión. El PP conserva más del 84% de su electorado, atrae votantes de Vox y también araña apoyos socialistas. La clave no está sólo en la fragmentación ajena, sino en la capacidad del presidente andaluz para retener el voto propio y ensancharlo sin estridencias.
Frente a ello, el PSOE vuelve a tropezar con un problema de fondo. La candidatura de María Jesús Montero, lejos de suponer un revulsivo, amenaza con ahondar el deterioro socialista en su antiguo granero. Que la todavía mano derecha de Pedro Sánchez no alcance siquiera los 30 diputados de Juan Espadas constituye un severo correctivo político. Porque Montero no comparece como una dirigente autónoma, sino como la encarnación andaluza de un régimen, el de Sánchez, identificado con los privilegios fiscales a Cataluña, la ausencia de Presupuestos y una forma de hacer política basada en la confrontación. Su figura choca con el clima que hoy parece imponerse en Andalucía.
También Vox queda contenido. Aunque sube, lo hace de forma insuficiente para romper la mayoría del PP o para amenazar seriamente el segundo puesto del PSOE. El bipartidismo resiste en las provincias y aleja el sorpasso que hace unas semanas parecía posible en algunos territorios. Esa contención refuerza asimismo a Moreno, que vuelve a demostrar que una derecha asentada en la centralidad puede limitar el crecimiento de Vox mejor que cualquier cordón retórico.
Andalucía dirimirá así mucho más que su gobierno autonómico. Pondrá a prueba la fortaleza del modelo de Moreno y el desgaste del Ejecutivo de Sánchez. Si el presidente andaluz repite mayoría absoluta, quedará refrendada una fórmula basada en la gestión, la estabilidad y la ambición reformista. Y quedará igualmente desautorizada la pretensión del PSOE de presentar a Montero como una alternativa competitiva. En la comunidad que durante décadas fue su gran bastión, los socialistas pueden volver a comprobar que el principal activo electoral de Moreno es, antes que la propaganda, el examen comparativo.


























