Editorial
Andaluc�a debe elegir entre consolidar el cambio vital que la ha situado en nuevos polos de modernidad o regresar a la losa del pasado

Antonio Sanz, ayer en el Centro de Difusi�n de Datos del 17-M.EUROPA PRESS
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Las elecciones andaluzas de este domingo medir�n la profundidad del cambio sociopol�tico m�s relevante que ha vivido Espa�a en los �ltimos a�os. La victoria del PP parece asegurada. La cuesti�n es si Juanma Moreno revalidar� la mayor�a absoluta y si lo har� incluso mejorando el resultado de 2022, como apuntaba la �ltima encuesta de Sigma Dos para EL MUNDO. Tras ocho a�os de gobierno, semejante respaldo constituir�a una proeza pol�tica poco frecuente en un tiempo dominado por el desgaste de la gesti�n, la polarizaci�n y la campa�a permanente.
Moreno lleg� al poder en 2018 con un resultado ajustado, con Ciudadanos fuerte y Vox irrumpiendo. Ha construido desde entonces una hegemon�a basada en la estabilidad, la moderaci�n y una ambici�n reformista reconocible. Su liderazgo tiene identidad propia dentro del PP, pero no se opone al proyecto nacional de Alberto N��ez Feij�o, sino que lo complementa. La centralidad que reivindica en Andaluc�a puede marcar un camino para el centroderecha espa�ol en un momento de radicalismos sim�tricos.
El PSOE, en cambio, se enfrenta a una posible debacle en su antiguo basti�n. Pedro S�nchez lo ha jugado todo a Mar�a Jes�s Montero, su n�mero dos, pensando tambi�n en su propia campa�a. Por eso el resultado no podr� separarse del Gobierno nacional. La candidata no ha comparecido como dirigente aut�noma, sino como encarnaci�n del r�gimen de S�nchez: privilegios fiscales a Catalu�a, ausencia de Presupuestos, corrupci�n y confrontaci�n. Su campa�a ha sido un desprop�sito, desde aquella autocelebraci�n como la mujer m�s importante de la historia de Espa�a hasta la torpeza de calificar como �accidente laboral� la muerte de dos guardias civiles en acto de servicio, pasando por el recurso a Chaves y Zapatero como supuestos revulsivos. Si se confirma el desastre, lo normal ser�a que dimitiera y que S�nchez adelantara las generales. Lo previsible es que no ocurra ni una cosa ni la otra: hace tiempo que la rendici�n de cuentas fue desterrada del PSOE.
Vox tambi�n llega debilitado por su propia crisis de identidad. Tras so�ar con superar al PSOE y condicionar al PP, sus purgas internas, las negociaciones err�ticas en otras comunidades y un candidato opacado por Abascal lo sit�an a la defensiva. Y a la izquierda del PSOE, Adelante Andaluc�a puede beneficiarse del refugio que buscan votantes defraudados por el Gobierno de coalici�n.
Los andaluces votar�n, adem�s, sobre problemas reales: la sanidad y la vivienda exigen respuestas eficaces y pesar�n en el resultado. Pero la disyuntiva de fondo es m�s amplia. Andaluc�a debe elegir entre consolidar el cambio vital que la ha situado en nuevos polos de modernidad -la Sevilla pujante, la M�laga de los n�madas digitales, la Granada de la inteligencia artificial, la agricultura competitiva de Huelva y Almer�a- o regresar a la losa del pasado que Montero ha decidido representar. El 17-M no es s�lo una elecci�n auton�mica: es una prueba nacional sobre qu� Espa�a quiere abrirse camino hacia el futuro.























