

























Misantrop�as
Abascal comparte con Orban rasgos ideol�gicos propios de la derecha radical, incluidos el rechazo de la inmigraci�n y el recelo hacia las minor�as sexuales. Y S�nchez se le parece porque ambos son iliberales

El primer ministro saliente de Hungr�a, Viktor Orban.AFP
Actualizado Domingo, 19 abril 2026 - 00:06
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Hungr�a ha sido un pa�s f�rtil en la exportaci�n de talentos: el cineasta Andr� de Toth, nacido en el seno del Imperio Austroh�ngaro en 1913, fue uno de ellos. Formado en su pa�s natal, escap� a Inglaterra cuando estall� la II Guerra Mundial y de ah� salt� a Hollywood, donde hizo carrera y lleg� a casarse siete veces; una de ellas, por cierto, con Veronica Lake. Protagoniz� un incidente memorable all� por 1973: secuestrado en Egipto por un grupo de j�venes �rabes que lo hab�an confundido con el militar israel� Moshe Dayan, pues ambos llevaban un fordiano parche en el ojo izquierdo, solo fue liberado a la vista de su gentil prepucio...
Viene esto a cuento del impacto que las elecciones h�ngaras han tenido en la mediocre pol�tica espa�ola: una de las mejores pel�culas de De Toth es El d�a de los forajidos, que relata c�mo los habitantes de un pueblo forjan una alianza circunstancial para combatir a los malhechores que amenazan su vida y sus bienes. �Igual que en Hungr�a! Tras 16 a�os en el poder, Viktor Orban ha sido claramente derrotado -y �l ha admitido su derrota- por un disidente de su propio partido. As� que la derecha moderada ha frenado a la derecha populista; queda por ver si esa derecha moderada se convertir� un d�a en otra derecha populista. Esos matices aqu� cuentan poco; nuestro empe�o ha sido determinar qui�n es el �Orban del sur�. �Abascal, como dice S�nchez? �O S�nchez, que dice Feij�o?
La respuesta es que depende de d�nde miremos. Abascal comparte con Orban rasgos ideol�gicos propios de la derecha radical, incluidos el rechazo de la inmigraci�n y el recelo hacia las minor�as sexuales. Y S�nchez se le parece porque ambos son iliberales: han procedido a la captura partidista de las instituciones estatales y arremetido contra jueces y medios cr�ticos. Va de suyo que nuestros oficialistas subrayan lo primero y se olvidan de lo segundo; pese a que S�nchez gobierna -requisito para ser un Orban- y Abascal est� lejos de hacerlo. Pero Vox va a entrar en algunos gobiernos auton�micos y la propia Ayuso ha lamentado ya la �prioridad nacional� fijada en el acuerdo con el PP extreme�o. �Ha ca�do Feij�o en la trampa de S�nchez? Aunque eso lo decidir�n los votantes, el problema del l�der gallego es que no ten�a manera de evitarla: desde que S�nchez fij� la doctrina del no es no y Cs fue acribillado por sus propios votantes, nuestra democracia se ha convertido en un laberinto sin salida. Y en su interior damos vueltas mientras se pasa la vida.
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