Las elecciones en el Real Madrid abren un nuevo escenario en el que Florentino Pérez, aunque avalado de forma clara, deberá gestionar este club con una oposición creciente

Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, durante la noche electoral.EFE
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Las elecciones en el Real Madrid han abierto un nuevo escenario en el que Florentino Pérez, aunque avalado de forma clara, deberá acostumbrarse a gestionar este club con una oposición que, pese al escaso margen de tiempo para armar una candidatura, ha cosechado el 35% de los votos. Con una elevada participación (44%), el actual presidente, que revalida su cargo hasta 2030, se impuso con un 65% en una jornada en la que los socios compromisarios, por primera vez en dos décadas, pudieron elegir entre dos modelos diferentes. La gestión de Pérez, sustentada en la expansión internacional del Madrid y en un colosal palmarés deportivo, se ha visto ratificada. Pero lo hace con un voto de castigo mayor al que apuntaban las previsiones cuando, tras dos años sin trofeos, decidió adelantar los comicios en una desconcertante rueda de prensa.
La eclosión de Enrique Riquelme refleja la existencia de un creciente oposición que, tal como subrayó el propio Pérez, puede suponer un acicate para abordar los retos pendientes. De hecho, estas elecciones no han estado marcadas tanto por la crisis deportiva -con fichajes como el del entrenador portugués José Mourinho o la necesaria reconstrucción de la plantilla-, sino por el modelo del club. En ese contexto, las informaciones publicadas por EL MUNDO sobre el desafío financiero que afronta el Madrid han centrado el debate. Ante la necesidad de generar nuevos ingresos para competir con los clubes-Estado, y pese a ser el club más valioso del mundo -según Forbes-, Pérez ha planteado un cambio societario que pasa por vender el 5% de la entidad. Es un escenario difícil de materializar teniendo en cuenta que requiere el apoyo de dos terceras partes de los socios en un referéndum, un umbral muy superior al porcentaje de votos de su victoria electoral. En todo caso, tal como reveló este periódico, este giro no obedece sólo a la necesidad de adaptarse a un nuevo marco global, sino a una preocupante tensión financiera por el incremento de la deuda, que carcome el flujo de caja del club como consecuencia de la remodelación del Bernabéu y los reveses sufridos en torno a los ingresos previstos. En esta tesitura, plantear cambios de calado es razonable, pero no hacerlo de forma opaca.
El futuro del Real Madrid exige preservar su competitividad, pero también la estabilidad financiera sin regatear la información a su masa social.












