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El Mundo
elmundo.es · 2026-06-23 · via Opinión

Todo, todo, todo en esta vida opera por comparación. Estaríamos frescos si la excepción fueran las penas aplicables a los delincuentes

El ex ministro José Luis Ábalos, durante su declaración ante el Tribunal Supremo.

El ex ministro José Luis Ábalos, durante su declaración ante el Tribunal Supremo.MUNDO

Actualizado

¿Veinticuatro años de cárcel para el tipo que robó a los españoles unas decenas de miles de euros para darse durante unos años vida de senyoret, manteniendo putas que iban para dentista, asados de cordero en el mesón, agostos en chalets con enanitos marca Iglesias/Montero, picadero en plaza de España, oh là là, y orgías en parador con armaduras carlosquintas?

Hombre, hombre. Ni que fuera socialista.

Veinticuatro son más que los veinte con que la Audiencia Nacional condenó a la terrorista Carmen Guisasola por el asesinato de un policía.

Veinticuatro. Unos once años más de a los que fue condenado el sinvergüenza de Oriol Junqueras por robar, sostenidamente, millones de euros a los ciudadanos y usarlos para tratar de destruir el Estado de Derecho, mientras aseguraba jactancioso que era capaz de parar la economía de la nación en cuanto se lo propusiera.

Veinticuatro son los mismos que aplicándole el máximo rigor de la circunstancia le esperan al asesino que el otro día dejó tendido a un hombre en un charco de sangre, en la calle Balmes de Barcelona.

Veinticuatro años con todas sus horas. No tengo claro que hubiese llegado a cumplirlos la bestia humana que arrinconó con alevosía a María de los Ángeles Chibán en un portal de Barcelona, intentó violarla y acabó arrancándole los intestinos hace ya tantos años que todo ha prescrito menos la muerte.

Veinticuatro, y fuera milongas sobre la acumulación de tipos delictivos. Es una lógica del comercio humano -y humanista- que cuando alguien compra muchos bienes de golpe se le aplica rebaja. Pues igual con los males. Ya sé que es sumamente incorrecto sumar las penas: pero es que pregunté al condenado. Tampoco me interesan los análisis sobre el especial carácter punitivo del Código Penal español. Todo, todo, todo en esta vida opera por comparación. Estaríamos frescos si la excepción fueran las penas aplicables a los delincuentes.

Veinticuatro latigazos. La razón de la ejemplaridad. Siempre me pareció una posibilidad vidriosa que alguien pague una plusvalía preventiva por los delitos que cualquier otro interesado pueda cometer en el futuro. Pero, aun así, el carácter ejemplar de la pena no se ventila, en estos casos, con la solemne práctica de la prueba. La vida y costumbres de José Luis Ábalos, antiguo ministro de España, ya ha sido desollada en mil telediarios y diez mil tertulias. Hoy día la ejemplaridad se dilucida en el cubil, lo que es una paradoja más de la vida.

Y veinticuatro años, también, porque ahí sigue ese.