El entendimiento entre Feijóo y Alejandro Fernández, tras años de desconfianza personal y discrepancias estratégicas, ofrece una oportunidad de crecimiento al PP en Cataluña y España

Feijóo y Alejandro Fernández
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Acostumbrados al cierre de filas cuartelario y sonrojante, como el de ese Patxi -que dicen que fue lehendakari- berreando en el Congreso «¡Yo, con Begoña!», habituados al ajusticiamiento del discrepante, con el silencio de los cobardes de melodía cómplice, es comprensible celebrar el acuerdo de Núñez Feijóo y Alejandro Fernández para que este continúe como presidente del PP catalán como un anómalo ejercicio de inteligencia política.
Cierto es que se tomaron su tiempo -tres años con el cónclave de los populares catalanes paralizado por la dirección nacional-, pero Feijóo y Fernández aprendieron a superar la desconfianza inicial mutua y las discrepancias estratégicas para encontrar un entendimiento adulto que puede ser decisivo en la (re)construcción de un centroderecha constitucional en Cataluña. La manera de romper la dialéctica de bloques identitarios, que solo favorece a los nacionalistas y a la izquierda -también nacionalista-, mientras margina al PP por un Pacto del Tinell vitalicio. Combatir, ¡al fin!, desde el liberalismo la hegemonía colectivista en Cataluña, como hace veinte años empezó a hacer con éxito Ciudadanos.
Fernández necesita esa (re)construcción para lograr que el PP abandone su histórico papel residual; Feijóo necesita un PP con peso real en Cataluña para limitar el factor «dopaje» del PSC a Sánchez en las generales y para afrontar con más apoyos, cuando presida el Gobierno, el nuevo choque insurreccional que le plantearán el PSC y los nacionalistas.
La diferencia de criterio residía en cómo ampliar ese espacio: Feijóo consideraba que pasaba por pactar con Junts y el empresariado catalán, capitulando ante sus exigencias para reeditar el Pacto del Majestic entre Aznar y Pujol; Fernández defendía romper todo diálogo con el independentismo. Al final, los dos asumen que el PP debe representar una alternativa al nacionalismo, defendiendo sus valores e idea de España sin «pedir favores ni regalarlos», como avisó Feijóo en el Círculo de Economía, pero sin romper puentes con los que asuman el marco constitucional.
El reciente sondeo sobre Cataluña que publicó este diario, y que quedó algo opacado por el chapapote de corrupción socialista, apunta a una pérdida significativa de apoyo popular a Illa -nueve escaños menos-, la decadencia de Junts y el auge de Aliança y Vox. Un escenario ingobernable que, sin embargo, ofrece al PP la oportunidad de conectar con los votantes de Cs que apoyaron a Illa como alternativa al nacionalismo y que ahora se sienten engañados; también con una clase media que no quiere nuevas aventuras identitarias y tampoco que Cataluña se convierta con el PSC el santuario del sanchismo post Pedro.






















