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Opinión

Le perroquet qui ne parle pas, por Leonardo Giovannini R�quiem por la socialdemocracia europea El regreso a la fe Hungr�a como caso pr�ctico Le�n XIV, el rechazo vaticano a la vulgaridad de 'La Bestia' La semana de los forajidos Ca�da y resurrecci�n de la Internacional Socialista con la que S�nchez orquest� su macroevento Mar�a Corina desenmascara a S�nchez En guerra contra la Ilustraci�n Vous n'avez pas la priorit� Deseng��ate Bego�a, no te defienden a ti; defienden al puto amo Los esclavos felices Un ensayo que cambia el tablero #15 Lo que hay que leer El Mundo La entra�able torpeza de querer robar al m�s bobo de los ricos Fotos de boda distancia de a�os luz Armengol 'abri� la puerta' a la corrupci�n de �balos y Koldo Beatriz Mart�n Padura: "La mayor�a de los j�venes sigue teniendo inter�s por las cosas, son comprometidos" La grandeza descalza: vida y ejemplo de Cayetana de Alba Éramos pocos y parió el PNV El proyecto que rescata naufragios españoles del olvido que todo el mundo debería conocer ¿IA en sanidad? De acuerdo, pero no me quite el médico Orban, el predicador Es urgente auxiliar a las clases medias Tres víctimas a juicio contra Gerry Adams Sánchez juega a los palillos chinos El mapa de nuestro Canciller de Grafeno El hampa de África se mudará a España Feij�o, t� si que eres inhumano, inseguro, insostenible Lugares a los que nunca queremos ir Calvo-Sotelo, memoria del presidente que quiso 'armonizar' el Estado de las Autonomías El trumpismo pierde fuelle global Frenar la inseguridad en Cataluña exige más coordinación De qu� sirve hablar sobre la inmigraci�n Europa, ¿cobardía o impotencia? Ardió Güler, pero no bastó Mientras llega la Justicia del buen dios Enamoramiento y amor El momento cr�tico de Vox Una posible explicación a Mbappé ¿China como ejemplo de rectitud moral? Los hijos que quedaron en limbo No hay alternativa a la inmigración ni a una gestión razonable Pedro Sánchez, peón útil de China S�nchez, en la c�rcel Del yo sucesivo El lado chino de la historia Los hombres con los que se enrolla Vito Quiles Leopoldo Calvo-Sotelo: nadie olvida a un buen maestro El �nico cient�fico que ha estado en la Luna Teor�a general de los espacios liminales Freno al populismo antieuropeo Bego�a G�mez y el c�rculo de �lite Y si despu�s de Orban fuese el turno de Vox Xi�ng P�id�lu� z�i z�j ji l yy�ng Vox: peligro de derrumbe El fin de la era Orban Palabros cruzados, por Leonardo Giovannini El futuro que inventaron los que no sabían bailar El obrero vota a Vox El paraguas de 'La Bestia' El éxito de Artemis 2 abre la puerta a una nueva carrera lunar Calvo-Sotelo: un Hombre entre dos colosos Centralidad para Andalucía De filólogo a subcontratista de Xi Jinping Los imperios solo negocian cuando pierden Me gustaría ver el 'Guernica' en Bilbao A la Luna por el solo deseo de ver A este socialismo, las mujeres que hablan no le sientan nada bien Jésica Rodríguez, el pecado con peluca del falso socialismo ¿Cómo pudo pasar lo de Ábalos? Asesores, funcionarios, altos cargos...: el fallo fue multiorgánico El espejo húngaro de Abascal Cruzados del mundo unidos La honestidad de Crisante Así se envilecen las democracias #14 Lo que hay que leer Ella le llama se�or; �l a ella, puta Tras el fascismo, el verdadero enemigo es Juan Roig El aborto constitucional o el falso dilema del progreso La vivienda necesita volver a ser rentable para quien construye El Gran Hedor: del Londres victoriano a la España de Ábalos La responsabilidad de la Justicia Por qu� hay mucho pijo de izquierdas y mucho proletario de derechas Apego al cargo Ecos de financiaci�n ilegal El Peugeot de las luces de colores Cosas de Transportes que no tienen nada que ver La negligencia criminal de Puente y Sánchez La hermana de la coneja, más información "En comunidad no demuestres habilidad" Se le nota en la voz, por dentro es de colores Adamuz, la alarma que no funcionó Una oportunidad perdida Los comienzos de �balos A la impunidad por el desprecio moral De Guernica a Santoña Los genes deciden, incluso, el entorno Los toreros llegan a la Luna por la tarde La camiseta de los 22 millones de empleos
El Mundo
Manuel Arias Maldonado · 2026-06-11 · via Opinión
El Papa León XIV, en la Iglesia de Sant Agustí.

El Papa León XIV, en la Iglesia de Sant Agustí.EFE

Actualizado

Pronto habremos olvidado la visita de León XIV -hermoso nom de guerre del norteamericano Robert Prevost- y pasado a otra cosa: así se las gasta la dictadura de la actualidad. No obstante, hemos aprovechado estos días para debatir sobre el papel de la religión en las democracias liberales y, no estando nada claro que la nuestra siga siéndolo, la cosa tiene su mérito. Huelga decir que el tema trasciende la apropiación partidista de la figura papal, que ha demostrado ser una tentación irresistible para nuestros políticos: incluso un presidente cuy discurso de investidura giró en torno al «muro» que debe separar a progresistas y reaccionarios ha considerado útil sumarse a las exhortaciones papales sobre la unidad cívica y el amor al prójimo. Supongo que habrá socialistas inclinados a citar el célebre aforismo de Nietzsche: «Los espíritus más elevados se comunican por sus cumbres». Medida ya la estatura moral de un Sánchez que ayer se dedicó a propagar bulos en el Congreso, quizá sea más razonable concluir que hablar es gratis.

No siempre fue así: cuando el poder espiritual tenía mando en plaza, muchos fueron los heterodoxos que hubieron de callar o disimular sus ideas. Solo gracias a la Reforma protestante -que acabó con el monopolio católico sobre la doctrina cristiana- terminó por aceptarse que la convivencia pacífica exigía que la fe pasara a ser un asunto privado. De modo que la tolerancia moral resultó del equilibrio de fuerzas entre católicos y protestantes; como nadie podía ganar aquella guerra, todos salimos ganando. Y así, andando el tiempo, el cristianismo se convirtió en una doctrina moral entre muchas; su protagonismo histórico en la gestación de la cultura europea, que naturalmente tiene luces y sombras, no le confiere ya ningún privilegio. A cambio, tal como ha recordado Víctor J. Vázquez en las páginas de este periódico, sus representantes tienen -faltaría más- derecho a tomar la palabra: coloque cada cual su mensaje en la esfera pública y que gane el mejor.

En un mundo donde las naciones siguen siendo la forma política dominante, por lo demás, no deja de ser interesante que el cristianismo se presente como una colectividad sin territorio: será cristiano quien ejerza como tal allí donde esté. Ocurre que la mayoría de los creyentes no se conduce con el rigor del Jesucristo de Pasolini; también ellos cabalgan contradicciones en la sociedad secular. Y si algunos creen -naturalistas- que los derechos fundamentales existen al margen del derecho y el Estado, como si fueran realidades en lugar de convenciones, pues tampoco pasa nada; otros van por la vida pensando que legalidad y moralidad son siempre coincidentes. No hay que exaltarse: todas estas palabras, también las mías, pronto envolverán pescado.