


























Nota bene
Su barba nueva patibularia me parece ejemplo, real o fingido, de eso que sol�a llamarse �barba de aflicci�n�, que anta�o se dejaban los hombres en duelo

Koldo Garc�a, ex asesor de Jos� Luis �balos, durante el juicio del 'caso Mascarillas'.MUNDO
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Me fij� estos d�as en la barba nueva de Koldo Garc�a, en el banquillo de los acusados por una trama de corrupci�n en la adjudicaci�n de contratos p�blicos para la compra de mascarillas en pandemia. En prisi�n, Koldo se ha dejado crecer una barba larga e inculta, de patriarca o de n�ufrago, una barba bosque donde esconder sus verg�enzas, tal vez sus arrepentimientos. Contrasta mucho esta barba basta y luenga con su barba previa de asesor influyente, una barba perfilada m�s circunspecta, aunque nunca del todo domesticada: barba de s�tiro en el s�quito de Dionisio. Su barba nueva patibularia me parece ejemplo, real o fingido, de eso que sol�a llamarse �barba de aflicci�n�, que anta�o se dejaban los hombres en duelo, abatidos por la desgracia o el castigo, como una se�al exterior de que el dolor interior los hab�a sustra�do de las convenciones ordinarias del mundo. Barba de aflicci�n como la que se dej� crecer el Papa Clemente VII, prisionero en el Castillo de Sant'Angelo tras el Saco de Roma de 1527, o la m�s famosa de Dostoievsky, tras cuatro a�os de trabajos forzados en Siberia. No sabemos si la barba desali�ada de penitente del ex consejero de Renfe Mercanc�as es una estrategia procesal para dar pena, o si la aflicci�n es sincera, y pesan como una l�pida en su �nimo los a�os que pas� contando �chistorras�, esos billetes de 500 euros que sufragaron su vida de lujo y alterne junto al ministro �balos (ahora las facturas de una vida familiar mucho m�s modesta las paga la suegra, seg�n hemos sabido). El caso es que barbas as� ya no se ven. La nuestra es una era de rostros lampi�os, y quiz� de ah� podamos sacar la arbitraria conclusi�n de que es una era propicia a la evaporaci�n de las conciencias. (Aunque yo tambi�n me he fijado, como el lector, que entre los varones de la Generaci�n Z est� de moda el llevar un grueso y poblado bigote. �Qu� quiere decir este resurgimiento piloso en la juventud? �Nostalgia de la �poca en que el primer sueldo daba para comprarse una casa? �Revuelta t�cita contra un establishment ginoc�ntrico? Tema para otra columna). Terminar� diciendo que, aunque no se ve en la foto del peri�dico, yo tambi�n empec� a dejarme una barba de aflicci�n el d�a no lejano en que se compr� la investidura del presidente del Gobierno a cambio de una amnist�a a sediciosos que a mis ojos era ilegal y, en todo caso, indecorosa. Lo que pasa es que la maldita barba a m� no me crece mucho ni se me cierra y no se me nota demasiado la pena. La m�a es una melancol�a barbilampi�a.
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