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Entrar en el sal�n de plenos del Tribunal Supremo impone respeto. Los citados a declarar en el caso Mascarillas –que ma�ana encara su recta final– deben esperar fuera hasta que el presidente los manda llamar, uno por uno. Una funcionaria muy amable abre la puerta, pronuncia el nombre y los apellidos del testigo y le lleva hasta una mesa y una silla en el centro de los estrados, que forman una u.
El testigo tiene que sentirse peque�ito. Le miran, desde una altura superior, una veintena de hombres y mujeres con togas negras. Delante est�n los siete magistrados –s�lo le hablar� el presidente; el resto permanecer�n callados–. A su derecha, el fiscal y los abogados de las acusaciones. A la izquierda, los letrados de los acusados, y detr�s de estos, Koldo Garc�a Izaguirre, Jos� Luis �balos y V�ctor de Aldama; los primeros, custodiados por polic�as uniformados. A la espalda del testigo est� el p�blico. Reina el silencio y todo va muy r�pido.
Buenos d�as o buenas tardes, le dice Andr�s Mart�nez Arrieta. Le pregunta si conoce a los acusados; qu� tipo de relaci�n tiene o ha tenido con cada uno; y, en ese caso, si ello �le impedir� decir verdad�. Si miente puede incurrir en delito. Y ahora conteste a las preguntas del fiscal, de la acusaci�n popular… Sea preciso, ac�rquese al micr�fono, no se ponga a hablar de lo que no se le ha preguntado.
Todos los togados se muestran educad�simos –las vistas del caso Kitchen en la Audiencia Nacional son, en comparaci�n, un patio de colegio–. �Ilustr�simo magistrado�, �mi compa�ero�, �mi defendido�, �disc�lpeme�, �con la venia�. El testigo est� ah� en medio, abrumado. Lo que sucede a su alrededor es la Justicia. Y tiene mucho de rito sagrado.
Tener una buena educaci�n, saber c�mo funciona el sistema, estar acostumbrado a hablar de usted... ayuda a pasar el trance. Algunos testigos de comportamiento mod�lico han sido Isabel Pardo de Vera, ex presidenta de Adif y ex secretaria de Estado; varios ex altos cargos de empresas p�blicas; ex directores de gabinete ministeriales. Tan finos, tan preparados. Otra cosa es decir la verdad, claro.
En cambio, otros testigos presentaban perfiles profesionales y modales m�s moderados. Han comparecido un guardia civil con mando y otro raso; un ch�fer del Ministerio de Transportes; J�sica Rodr�guez y Claudia Montes; constructores; empresarios bastante oscuros; asalariados de distinto pelaje… Por no hablar de Koldo, de or�genes humildes y toda una carrera como vigilante de seguridad, o de Aldama, el exacto perfil del empresario venido a m�s con empuje sobrehumano y moral relajada. Hombres con traje y malet�n o con zapatillas y chubasquero; mujeres con vestido caro o botas baratas.
En el Supremo se ha escuchado un espa�ol bueno, un espa�ol malo y un espa�ol muy malo. Se han o�do los ecos del pa�s entero. Sin embargo, hay un tipo de imputado que se repite aqu� y all�. Un estilo. Por eso cabe preguntarse si quiz� en la estramb�tica corrupci�n de la era S�nchez, la que va de �balos y Koldo a Santos Cerd�n pasando por Bego�a G�mez, ha habido un factor acelerador: la coincidencia espacio-temporal, en las salas de m�quinas del poder, de demasiados arribistas con una cualificaci�n escasa.
�Garantiza algo tener estudios, una profesi�n o al menos un lugar al que volver cuando la aventura de la pol�tica se acaba? �Habr�a actuado Bego�a G�mez con tanto descaro si su trayectoria laboral fuera distinta?
El ministro de Transportes, al que durante a�os relegaron en el PSOE valenciano por pura desconfianza, �se habr�a atrevido a tanto de haber tenido un trabajo fuera del partido? �Y Koldo?, �estaba a la altura de las normas y los c�digos de conducta que deber�an regir en cualquier administraci�n p�blica? Hay muchas contradicciones insalvables en los esc�ndalos que rodean a Pedro S�nchez. Una de ellas es que el presidente m�s est�ticamente europeo que hemos tenido se ha rodeado de gente est�ticamente tropical, torrentiana. Podr�amos llamarlo �el perfil chistorra�, y no es una consideraci�n clasista: el problema es otro. La cuesti�n no es el origen social, sino si los m�ritos, la experiencia y el conocimiento son hoy un valor en la gesti�n p�blica m�s all� de Carlos Cuerpo.
Para responder no hace falta irse a Koldo. Sirve otra historia secundaria: la de Enusa, la empresa p�blica encargada de proveer de uranio a las centrales nucleares. Cuando S�nchez lleg�, despidi� a Jos� Luis Gonz�lez, un ingeniero industrial experto en t�cnicas energ�ticas que llevaba m�s de 20 a�os presidi�ndola, para poner a Jos� Vicente Berlanga, un veterano abalista licenciado en Filosof�a. Cuando cay� �balos, cay� Berlanga, y entonces la Sepi nombr� a Mariano Moreno Pav�n como nuevo presidente. Pav�n es sanchista de primera hora, ven�a de ser gerente del PSOE y tiene a sus espaldas 17 a�os de experiencia laboral en... el PSOE.
Hoy Berlanga est� imputado en el caso Leire y Moreno ha declarado, nervioso, por el trasiego de sobres de �balos y Koldo en el partido. Parece salido de Hombres, Mujeres y Viceversa, se expresa de forma mejorable y cobra 245.000 euros, lo que, al cambio, vienen a ser 490 chistorras. Uranio puro.
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