Intemperie
Hay un abismo moral entre los socialistas como Francisco Bustelo y los golfos que parasitan las instituciones

Francisco Bustelo Garc�a del Real, cantando La Internacional durante ntan la Internacional durante la jornada inaugural del Congreso Regional del PSOE de Madrid, el 4 de marzo de 1977.EFE
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�Aqu� no pasa nada, salvo el tiempo�. Tal vez este verso de �ngel Gonz�lez explica por qu� la reciente muerte, a los 93 a�os, del pol�tico y catedr�tico Francisco Bustelo ha pasado desapercibida incluso en su entorno ideol�gico. Represaliado por el franquismo -detenido, encarcelado y exiliado-, proced�a de una familia acomodada con entronque familiar con los Calvo-Sotelo. Tras fundar en 1956 la Agrupaci�n Socialista Universitaria, encarn� la alternativa, de la mano de Pablo Castellano, a un tal Felipe Gonz�lez M�rquez en el Congreso del PSOE de Suresnes, en 1974. Escarmentado de los suyos, y despu�s de convertirse en el primer rector de izquierda de la Complutense, recal� en IU. Perosi no quer�a el caldo de Felipe, aqu� se top� con las dos tazas de Anguita.
Francisco Bustelo fue un intelectual con amplia formaci�n cultural y art�stica, casado con Mar�a G�mez Mendoza -consejera de Salud en el primer Gobierno de Leguina- y hermano de Carlota Bustelo, pionera de un feminismo hoy despreciado. A lo largo de los 34 a�os en los que milit� en las filas socialistas, mostr� una rectitud y unas bases te�ricas que ahora no tendr�an encaje en unos aparatos org�nicos neutralizados. "Nuestro papel se limita a conservar unas siglas que recoger�n y levantar�n ustedes", le espet� Indalecio Prieto en nombre del exilio. Bustelo agit� el debate ideol�gico y doctrinario en v�speras de que Felipe, gracias a los marcos de los socialdem�cratas alemanes, jibarizara unas siglas venerables para convertirlas en una formidable maquinaria electoral.
Cabeza visible de los cr�ticos, Bustelo fue barrido en 1979 por el d�o Felipe-Guerra, aunque eso no le hizo abdicar de sus principios. En La izquierda imperfecta. Memorias de un pol�tico frustrado (Planeta, 1996) no escondi� su desencanto con los defectos de los partidos: �incondicionalismo, liderazgo excesivo, burocracia aferrada a sus puestos, incapacidad para la cr�tica, desequilibrio entre dogmatismo y oportunismo�. �Les suena de algo?
Traigo aqu� sus palabras como representaci�n de la pol�tica digna y cre�ble, en contraste con la mugre de �balos y asociados. Hay un abismo moral entre alguien que se comprometi� con una l�nea de pensamiento por encima de siglas o de puestos, y los golfos que parasitan las instituciones de todos. Esa brecha se hace a�n m�s pronunciada con aquellos que operan desde la base, como los alcaldes de pueblo. O los diputados provinciales sin sueldo. O los cuadros m�s entregados. Piezas esenciales en un entramado territorial hoy desmoralizado por la corrupci�n.
En el ocaso del felipismo, lejos de toda actividad pol�tica, Bustelo aconsej� a los socialistas �corregir no s�lo el oportunismo del que hicieron gala en sus a�os de Gobierno, sino tambi�n su prepotencia, su af�n del poder por el poder, su menosprecio a los dem�s�. Tambi�n les sonar�.





















