Ningún científico serio ofrece una respuesta sobre cómo hacer cinco grandes amigos, ganar 75.000 dólares al año y echar un polvo a la semana

Una pareja, en la pradera de San Isidro de Madrid.EFE
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Dicen que si uno no mira a los ojos durante un brindis, será condenado a siete años de mal sexo. Si eso fuera cierto muchos hombres evitarían mirar a los ojos, pues así asegurarían al menos siete años de mal sexo, que es mejor que ningún sexo. Las mujeres sí miran, pues, según leo en artículos recientes, cada vez más prefieren el celibato al mal sexo.
¿Tengo suficiente sexo? Esta pregunta suele formularse con timidez en grupos de amigos. A veces el tema se verbaliza cuando alguien acaba de divorciarse, se echa un nuevo ligue, entra en una fase de efervescencia sexual y narra con cruel jactancia su esplendoroso no-parar a aquellos que siguen en la monótona meseta de sus matrimonios. En una de esas un conocido confesó haber hecho un acuerdo de mínimos con su mujer para hacer el amor al menos una vez al mes, y se lamentaba de que últimamente ni siquiera se cumplía, y lo peor del acuerdo es que si reclamaba lo pactado generaba una situación en que perdía toda posibilidad de lograrlo.
Hay por lo visto unos cuantos investigadores dedicados al empeño de descifrar con rigor científico esa cosa tan etérea que llamamos felicidad, y uno de los marcadores que tratan de identificar para ello son los umbrales de suficiencia, aquellos por debajo de los cuales somos infelices y por encima de los cuales no somos necesariamente más felices. En cuestión de sexo hay estudios que sitúan ese umbral en una vez a la semana, no me pidan que concrete en edad, tamaño de muestra y población, porque está fuera del alcance de mis escasas capacidades como divulgador científico, no hago más que buscar respuestas rápidas en internet a esta pregunta que todos deseamos saber. Pero de ser esto cierto, no haría falta envidiar las gestas de aquellos que proclaman su hiperactividad sexual, pues resulta que no son más felices los que lo hacen más de una vez por semana. Sin embargo, según esos estudios, la felicidad merma en dosis menores.
Afortunadamente no es lo único. La cuestión de la felicidad tiene para los investigadores más asignaturas, y las troncales -aquellas que parecen comunes a todos- han sido por supuesto analizadas para determinar sus respectivos umbrales de suficiencia. Responden a preguntas que seguramente se habrán hecho muchas veces: ¿cuánto dinero nos hace falta para ser felices? ¿Cuántos amigos necesitamos? Para esto también hay números, un estudio en Estados Unidos fijaba el umbral en una renta de 75.000 dólares por hogar (en España serían 55k). Por encima de eso, parece ser que la felicidad crece ya muy poco con más dinero, y a partir de ciertas cifras da igual uno que mil millones. Con los amigos, los estudios indican que precisamos cuatro o cinco a los que podamos abrir sin cautelas nuestro corazón.
La ciencia se ocupa en averiguar todos nuestros umbrales de suficiencia, hay muchos datos disponibles para los que nos hacemos estas preguntas, pero lamentablemente ningún científico serio ofrece una respuesta sobre cómo hacer cinco grandes amigos, ganar 75.000 dólares al año y echar un polvo a la semana. Eso, queridos lectores, lo tendrán que descubrir ustedes.
























