Bukele le ha cedido la gestión de parte del sistema sanitario de El Salvador a una IA, no a los casi 8.000 profesionales del sector que despidió el año pasado

El presidente de El Salvador, Nayib Bukele.MUNDO
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EL PRESIDENTE de El Salvador, Nayib Bukele, es tajante: «Estamos creando el mejor sistema de salud del mundo». Lo dice mientras conversa con expertos en medicina y un directivo de Google en el salón presidencial en una charla que publicó en vídeo en su perfil de X. Si no fuese porque nadie se refiere a otro interlocutor como «bro», parecería el corte de uno de esos pódcasts en el que un emprendedor con gorra explica que si los oyentes son pobres es porque no han creado un negocio de postres con forma de pene.
El vídeo sirvió para que Bukele anunciase el siguiente paso de Dr. SV, una aplicación de salud a la que El Salvador ha cedido la gestión de parte de su sistema sanitario público. Servirá, según explicaron en ese cuasipódcast, para atender a los pacientes crónicos. ¿Se le encienden las alarmas por las implicaciones éticas, de seguridad o de privacidad de todo esto? «Sería imposible darle un seguimiento personalizado a cada uno, llamarle por teléfono», contraataca el presidente.
Uno puede hasta entender la motivación detrás de esta medida. Aceptarla ya es mucho más complicado. Si el sistema está colapsado -y aunque no lo esté-, todo lo que permita filtrar y hacer triaje ayudará a reducir la afluencia de pacientes. Pero también están colapsadas las colas para comprar entradas de Rosalía y a nadie se le ha ocurrido sustituir el concierto por uno hecho con IA. Y por muy futurístico que suene sobre el papel tener de doctor a C3P0, la idea está en realidad mucho más cerca, salvo desde el punto de vista marketiniano, de decirle a la población que si se encuentran mal busquen sus síntomas en Google, que para eso está.
Hay, de todos modos, otro ínfimo detalle que hace que esto suene más a idea de criptobro que a una medida seria: el año pasado el Gobierno de El Salvador despidió a casi 8.000 empleados de su sistema de salud. Personas de verdad, con sus orejas para auscultar, sus ojos para ver sarpullidos y sus manitas para poner inyecciones.
Es normal que uno se cabree después de perder la mañana esperando a ser atendido, ya sea en el ambulatorio o en Hacienda. E incluso que cabalgando esa mala leche piense que hay que sustituir a todos esos trabajadores públicos por una inteligencia servil y siempre disponible. Pero eso no va a crear el mejor sistema de salud del mundo.
























