Editorial
Reducir las muertes de guardias civiles a una categor�a burocr�tica retrata la estrategia elusiva y la falta de sensibilidad del Gobierno ante quienes arriesgan su vida por el conjunto de los ciudadanos

Fernando Grande-Marlaska, este mi�rcoles, en Ja�n.Araba
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El �ltimo Informe de Seguridad Nacional confirma lo que los guardias civiles llevan a�os denunciando sobre el terreno: el narcotr�fico ha dejado de ser un problema localizado para convertirse en una amenaza estructural para la seguridad del Estado. Que el propio documento elaborado por Presidencia del Gobierno describa el tr�fico de drogas, y en particular de coca�na, como uno de los mayores riesgos para la seguridad ciudadana y para la integridad de las instituciones p�blicas y privadas obliga al Ejecutivo a abandonar de una vez el discurso tranquilizador con el que Fernando Grande-Marlaska ha pretendido cubrir su fracaso.
La muerte de Germ�n P�rez y Jer�nimo Jim�nez durante una persecuci�n de narcolanchas frente a Huelva no puede despacharse como un accidente laboral, como hizo Mar�a Jes�s Montero antes de rectificar forzada por el esc�ndalo. Fueron dos muertes en acto de servicio, en una operaci�n contra las mafias. Reducirlas a una categor�a burocr�tica retrata la estrategia elusiva y la falta de sensibilidad del Gobierno ante quienes arriesgan su vida por el conjunto de los ciudadanos.
El diagn�stico de este informe oficial es demoledor. Las organizaciones criminales emplean armas de guerra y sistemas de monitorizaci�n cada vez m�s complejos. El narcotr�fico provoca gran parte de la violencia en Espa�a y multiplica la corrupci�n, penetrando en instituciones p�blicas y privadas. Es exactamente la advertencia que Interior ha preferido minimizar.
Marlaska encadena crisis que en cualquier democracia exigente habr�an forzado su salida, desde la tragedia de la valla de Melilla hasta el desmantelamiento del OCON-Sur y la desprotecci�n creciente en el Campo de Gibraltar. Su permanencia simboliza el escaso respeto del Gobierno hacia las fuerzas del orden y la falta de voluntad pol�tica para afrontar estos problemas.
Si el propio Gobierno admite ya que el narco amenaza la seguridad nacional, debe actuar en consecuencia. No bastan p�sames, rectificaciones tard�as ni promesas. Hace falta una estrategia real, sostenida y dotada de medios. La alternativa es seguir dejando avanzar a las mafias mientras quienes las combaten pagan el precio m�s alto.






















