





























Rafael Dezcallar
Actualizado
Durante su viaje a China, el presidente del Gobierno, Pedro S�nchez, pronunci� un discurso en la Universidad de Tsinghua, una de las mejores del mundo. Los dirigentes chinos llevan muchos a�os invirtiendo grandes recursos en educaci�n y en centros de investigaci�n. Es as� como han conseguido en poco tiempo convertirse en competidores de Estados Unidos en muchos sectores de alta tecnolog�a.
El discurso empieza colocando la relaci�n entre Espa�a y China en un contexto hist�rico. No son dos pa�ses que acaban de conocerse. Ya manten�an relaciones importantes cuando Mateo Ricci lleg� a China con un grupo de jesuitas (algunos de ellos espa�oles) a finales del siglo XVI. Desde entonces y hasta la independencia de M�xico el gale�n de Manila cre� la primera ruta comercial transpac�fica, que llegaba hasta Acapulco. Desde Veracruz esas mercanc�as segu�an luego su camino hacia Sevilla. Esta ruta fue esencial para el comercio entre China y Europa. Tambi�n lo fue para que llegara al imperio chino la plata de Nueva Espa�a, que hizo posible la monetizaci�n de su sistema econ�mico. Algo de enorme importancia para China.
Al abordar las relaciones actuales entre ambos pa�ses, S�nchez afirm� que hay asuntos en los que pueden cooperar, en otros son competidores y en otros est�n en desacuerdo. Este es exactamente el mismo planteamiento de la Comunicaci�n Conjunta de la Comisi�n Europea, el Consejo Europeo y el Parlamento Europeo de 12 de marzo de 2019, en la que se define una nueva pol�tica europea hacia China. En ella se se�ala que hay cuestiones en las que la UE puede ser un socio de Pek�n (por ejemplo para abordar grandes problemas globales como el cambio clim�tico), en otras competimos (temas comerciales o regulatorios) y en otras somos rivales estrat�gicos (como en el apoyo chino a Rusia en Ucrania o en el tema de los derechos humanos). Depende de cada caso concreto. Esta formulaci�n no gusta nada a los dirigentes chinos, uno de los cuales me dijo una vez que era algo as� como si un sem�foro tuviera encendidas al mismo tiempo las luces verde, �mbar y roja. Pero China es un pa�s complejo, y la respuesta europea a China tiene que ser tambi�n compleja.
Al plantear as� las cosas el presidente del Gobierno estaba claramente alineando la pol�tica espa�ola con la pol�tica europea hacia China. No se trataba de distanciarse de ella, de aparecer como un �amigo especial� de China, sino todo lo contrario. Por eso tambi�n record� a su audiencia que la UE es la primera potencia comercial del mundo, la segunda econom�a global y el primer receptor de inversi�n extranjera. Juntos somos un actor de peso. Separados somos irrelevantes. En Tsinghua S�nchez se pronunci� textualmente a favor de una Europa unida y contra una Europa fragmentada.
El discurso contiene tambi�n algunos mensajes dirigidos a China.
China y Rusia suscribieron en Pek�n el 4 de febrero de 2022, pocas semanas antes de la invasi�n rusa de Ucrania, un comunicado en el que reclamaban un mundo multipolar frente al orden internacional tradicional, controlado por Occidente. Ambos pa�ses rechazaban la idea de que existan valores universales, alegando que en realidad se trata de valores occidentales. S�nchez admiti� en su discurso que est� surgiendo un mundo multipolar y que es necesario un orden internacional m�s justo. Pero tambi�n record� que la multipolaridad sin un sistema multilateral operativo conduce a la rivalidad y a la guerra. Es necesario reforzar las Naciones Unidas, cuyos art�culos 1 y 2 recogen unos principios fundamentales que son obligatorios para todos sus miembros, como la igualdad entre los Estados, el no uso de la fuerza, o los derechos humanos. Negar que existan valores universales significa negar esos principios, que son la base de la propia Carta. Y si no hay valores universales que nos sirvan de referencia, cada Estado podr� hacer lo que quiera sin que nadie pueda criticarle. En realidad solo podr�an hacer lo que quieran los Estados fuertes, porque los d�biles no tendr�an m�s remedio que adaptarse a la voluntad de aquellos y caer�an en sus zonas de influencia. Todo ello va radicalmente en contra de la Carta de las Naciones Unidas. Reivindicar el multilateralismo y la Carta de la ONU en Tsinghua supone una cr�tica al nuevo orden internacional que China quiere implantar.
El segundo mensaje es la necesidad de un comercio m�s equilibrado que acabe con los enormes d�ficits que Espa�a y otros pa�ses acumulan con China. S�nchez reclam� en Tsinghua que China se abra para que Europa no tenga que cerrarse. Espa�a tiene una balanza comercial globalmente equilibrada, pero le vende a China menos del 20% de lo que le compra. El problema por lo tanto no es que nuestras empresas no sean competitivas, sino que el mercado chino es mucho m�s cerrado que otros mercados. Y el espa�ol no es un caso aislado. En 2025 el d�ficit comercial de la UE con China fue de cerca de 400.000 millones de d�lares. Estas cifras no son sostenibles, y, como dijo S�nchez, generan movimientos proteccionistas y populistas. Trump es un buen ejemplo de ello.
Tambi�n en relaci�n a las inversiones chinas en Europa necesitamos un modelo equilibrado y de obligaciones rec�procas. Hay sectores en los que China ha tomado la delantera, como los veh�culos el�ctricos o las energ�as renovables. Es comprensible que quiera invertir en Europa para poder vender esos productos en el mercado europeo. China tiene un modelo econ�mico basado en la exportaci�n, y para ella es esencial poder acceder a un mercado de 500 millones de personas de alto poder adquisitivo. Tambi�n Europa est� interesada en recibir inversiones del l�der mundial en esos sectores. Pero no a cualquier precio. Pek�n tendr� que aceptar que sus inversiones incluyan transferencia de tecnolog�a, creaci�n de valor a�adido y formaci�n de los ingenieros y t�cnicos que las gestionen. Nada de plantas de ensamblaje. Es exactamente lo mismo que China lleva imponiendo desde hace mucho tiempo a las empresas europeas que quieran invertir all�. Ellos nos lo han exigido durante a�os. Nosotros debemos exig�rselo ahora.
Finalmente, el tercer mensaje es que ser una gran potencia supone tener m�s poder, pero tambi�n mayores responsabilidades, y que China no siempre est� haciendo frente a esas responsabilidades. Es necesaria una mayor contribuci�n de Pek�n a la soluci�n de problemas globales como el cambio clim�tico, la salud global, el control de armamentos, el alivio a la deuda de los pa�ses m�s desfavorecidos o la regulaci�n de la inteligencia artificial. Tambi�n a la soluci�n de crisis como la de Ucrania, Gaza o Ir�n. China se ha concentrado hasta ahora en sus propios problemas y no ha contribuido suficientemente a buscar soluciones a estas cuestiones que nos afectan a todos. Como dijo S�nchez en Tsinghua, China puede hacer m�s. En mi per�odo como embajador en China, mis colegas europeos y yo mismo planteamos repetidamente a sus autoridades la necesidad de que China ejerza su influencia sobre Rusia -que es considerable- para terminar con la invasi�n de Ucrania. No solo no lo ha hecho, sino que se ha convertido en el principal apoyo de Mosc� en estos momentos.
El comunicado chino posterior a la reuni�n se�ala que S�nchez expres� su apoyo a la pol�tica de China sobre Taiwan. Este tipo de comunicados son habituales en visitas de alto nivel a Pek�n, y en ellos se atribuye a la otra parte un apoyo a las posiciones chinas que despu�s esa otra parte no confirma. Es lo que ha sucedido en este caso con las autoridades espa�olas.
El discurso de S�nchez en Tsinghua recoge los principios que gu�an la pol�tica espa�ola hacia China, que son similares a los de la pol�tica europea hacia Pek�n. Es una l�stima que estos principios no hayan sido discutidos en profundidad -y deseablemente consensuados- en Espa�a con los partidos de oposici�n. En realidad eso est� pasando con todos los grandes temas de pol�tica exterior, como la necesidad reducir la dependencia de la Uni�n Europea con respecto a EEUU o la pol�tica hacia Oriente Medio. Esto es algo muy negativo. El consenso en pol�tica exterior no deber�a ser imposible, porque los intereses de un pa�s son permanentes. La polarizaci�n pol�tica debilita a Espa�a, y debilita muy especialmente su posici�n exterior.
Rafael Dezcallar es ex embajador de Espa�a en China
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