Correr la milla
Albares dibuja con alegre trazo una cartograf�a pol�tica tan turulata que le permite decir que Machado s�lo se ha reunido con "la extrema derecha"

Jos� Manuel Albares, ministro de Asuntos Exteriores.EFE
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Jos� Luis Rodr�guez Zapatero no conoce a Mar�a Corina Machado, lo que lo convierte en un mediador sospechoso. M�s bien ser�a un mediador demediado. La diplomacia oficial espa�ola, la que encarnar�a Albares y no Zapatero y estar�a residenciada en el Ministerio de Exteriores y no en Acento o An�lisis Relevante, tambi�n hace una selecci�n caprichosa de sus cortes�as. Esa es la raz�n por la que el Rey fue acompa�ado de una secretaria de Estado a las investiduras de Milei en Argentina y de Kast en Chile. A Albares no le gusta juntarse con gente con la que no est� de acuerdo, con lo que lo suyo no ser�a la diplomacia sino el compadreo.
Si �l, canciller espa�ol que tan c�modamente habita el Palacio de Viana, se deja guiar por sus afectos a la hora de configurar su agenda, con qu� autoridad le reclama m�s frialdad a una opositora que no puede ni pisar sin miedo las calles de la capital de su pa�s. M�s grave es que Albares dibuje con alegre trazo una cartograf�a pol�tica tan turulata que le permita decir que Machado s�lo se ha reunido con �la extrema derecha�, su espectro pol�tico, durante su visita a Espa�a. Por sectario que sea, un ministro de Exteriores le debe un respeto a los presidentes espa�oles y Machado se ha reunido con Mariano Rajoy, Jos� Mar�a Aznar y Felipe Gonz�lez.
Albares ya ha ido mucho m�s lejos en su repudio de la oposici�n democr�tica en Venezuela que en su cr�tica al r�gimen criminal que la sojuzga, al que nunca jam�s se atrevi� a llamar dictadura. Para verg�enza de los espa�oles, siempre quedar� la imagen del anciano candidato circunstancial concediendo en su embajada en Caracas unas elecciones fraudulentas. Esta agresividad con la que ahora se refieren a Machado y a la di�spora no responde a la mala conciencia por aquello sino a una deliberada colonizaci�n de la izquierda populista, que hasta ahora era quien manejaba con desahogo t�rminos como el de la gusanera.
Durante todo su mandato, el ministro ha recurrido al mismo aliviadero para justificar su esponjosa ret�rica con el autoritarismo venezolano. Dec�a Albares que �l no se dedicaba a etiquetar reg�menes pol�ticos. Hoy sabemos que se reserva esa labor taxon�mica para la oposici�n democr�tica, a la que regala adjetivos tremebundos. Esa es la gallard�a diplom�tica de este gigante moral. Tan duro con el reprimido como pastue�o con el represor. La diplomacia bonita de Albares.























