Siete solo robará alguna audiencia a Prisa, La Sexta y RTVE, pero cumplirá su misión de proteger al poder agónico y corrupto para mayor gloria del pluralismo impostado

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.EFE
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El Gobierno es previsible en las parcelas que el Parlamento le deja espacio. Se sabía que Sánchez y su equipo querían regalar una televisión a los rebeldes de Prisa, accionistas liderados por José Miguel Contreras, y así ha ocurrido finalmente frente a las pretensiones de Mediaset. He escrito varias veces aquí que la comunicación audiovisual ha absorbido la política, entregándose a los partidos con una ley a su medida para que lograran el viejo sueño de los asesores electorales: convertir al espectador en un ciudadano cautivo del poder y sus mensajes, asociándose así audiencia e intención de voto casi de forma automática. Lo están logrando sin necesidad de recurrir a la inteligencia artificial que tanto preocupa al Papa agustino.
Según Juan Jesús González, el estudio de Audiencias del CIS del año pasado mostraba un espacio audiovisual cada vez más extremo: la audiencia general se desplazaba hacia la derecha en el espectro ideológico (del 4,9 al 5,1) y la distancia entre la derecha y la izquierda aumentaba de forma significativa (7,4 de media para PP y Vox y 2,8 para PSOE y Sumar) en un contexto de medios mayoritarios alineados con el Gobierno. La estrategia de La Moncloa era y es consolidar su espacio electoral haciendo una OPA hacia la extrema izquierda y los nacionalistas periféricos, con la ayuda de tertulianos y periodistas que denunciaban un golpe mediático contra el One mientras Santos Cerdán y Leire Díez montaban una cloaca informativa para trasladar al público bulos sobre jueces, fiscales y guardias civiles.
Se nos apunta que el nuevo canal de TDT, Siete, viene con poco dinero -entre 20 y 25 millones de euros- y que su programación prescindirá de espacios informativos convencionales, optando por tertulias, debates y programas de análisis de actualidad. Es decir, la misma basura -infoentretenimiento lo llaman- de siempre. De nada sirve recordar que la Constitución reconoce a los ciudadanos el derecho a la información veraz y que la televisión es un servicio público con determinadas obligaciones hacia el espectador. Siete solo robará alguna audiencia a Prisa, La Sexta y RTVE, pero cumplirá su misión de polarizar y proteger al poder agónico y corrupto para mayor gloria del pluralismo impostado.

























