Editorial
Un primer ministro sostenido �nicamente por la ausencia de alternativa deja de ejercer liderazgo y abre la puerta a un desgobierno que fortalece al populismo

El primer ministro brit�nico, Keir Starmer.ALASTAIR GRANT / AP
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Reino Unido se asoma al vac�o de poder en plena rebeli�n laborista contra el primer ministro Keir Starmer, que se aferra al cargo deslegitimado por la debacle electoral y acorralado por su propio partido. M�s de 80 diputados reclamaron ayer su dimisi�n, o al menos un calendario para su salida, tras el abrumador triunfo del populista Nigel Farage en los comicios locales de la semana pasada. Desafiante, Starmer les ret� a activar el mecanismo formal de destituci�n, consciente de que sus rivales internos a�n no han logrado articular una alternativa coherente.
El gabinete permanec�a ayer dividido, con cuatro ministros dimitiendo para forzar la renuncia de Starmer mientras otros se alineaban p�blicamente con el premier para evitar una implosi�n inmediata en un momento de extrema debilidad pol�tica. El resultado es un Gobierno paralizado entre la desconfianza interna y la ausencia de sucesi�n clara. La reacci�n de los mercados a la crisis de Gobierno evidenci� el temor a que el pa�s entre en una fase prolongada de fragilidad pol�tica que arrastre a la econom�a.
Por otro lado, la incertidumbre en el ReinoUnido, una de las principales potencias militares y diplom�ticas de Europa, amenaza con convertirse en factor de inestabilidad en un momento cr�tico para la seguridad del continente. Otro ciclo de polarizaci�n y repliegue en el socio brit�nico como el que provoc� el Brexit generar�a una fuerte disrupci�n en los esfuerzos para sostener el apoyo a Ucrania, reparar las fracturas en la Alianza Atl�ntica y amortiguar la crisis energ�tica provocada por la guerra en Ir�n.
Las urnas han mostrado hasta qu� punto el partido de Farage, Reform UK, ha dejado de ser un fen�meno marginal para convertirse en una amenaza estructural al sistema pol�tico brit�nico. El histri�nico l�der derechista ha conseguido algo que parec�a improbable hace unos a�os: desvincularse pol�ticamente de las consecuencias econ�micas del Brexit que �l mismo impuls� y reinventarse como catalizador del malestar social, cultural y econ�mico de amplias capas del electorado. La respuesta laborista a esas inquietudes ha sido err�tica y encaja en la progresiva desconexi�n de la socialdemocracia europea con sus bases. Los esfuerzos de Starmer por denunciar los costes de la ruptura y acercarse de nuevo a Europa han sido loables, aunque faltos de concreci�n sobre los l�mites de una futura integraci�n.
De momento, Starmer conserva la baza de la falta de un sucesor claro capaz de desafiar su posici�n. Pero esa es una base muy d�bil para gobernar un pa�s. Un primer ministro sostenido �nicamente por la ausencia de alternativa deja de ejercer el liderazgo y abre la puerta a un desgobierno del que emerger�a, a�n m�s fortalecido, el nacionalpopulismo de Farage.

























