Ciudad Jard�n
La playa ha sido acondicionada y ya no es un lugar marginal sino un escenario instagrameable. Dios me libre de criticar nada. A m� tampoco me gustaban los perros sueltos. Pero en esos m�rgenes hab�a un espacio para lo inesperado que se ha perdido.

Un grupo de surfistas en Roquetas de Mar, en los a�os 80.

Luis Alemany Madrid
Actualizado
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Mira: el mi�rcoles publiqu� aqu� un art�culo, una se-supone-que-opini�n que en realidad era una divagaci�n sobre las luces de los supermercados en la madrugada, y, aunque dir�a que el texto no estaba mal y ten�a su musiquilla, el martes por la noche ca� en que Donald Trump dec�a a esas horas que iba a destruir Ir�n entero y pens� que qu� poco honroso iba a ser mi papel, el del idiota que escrib�a sobre el destello del sushi en el mi�rcoles de las bombas at�micas. Que conste que tambi�n pens� en los iran�es, claro que lo hice. Le�a en esos d�as Rey de reyes, el libro de Scott Anderson sobre la Revoluci�n Isl�mica (resumen: peor a�n fue el papel de los liberales laicos que apoyaron a Jomeini) y pensaba en una frase que escuch� atribuida a Gil de Biedma (pero nunca he encontrado): �Estuve en Ir�n y la gente parec�a espa�ola�. En fin: que pens� en la desdicha de los iran�es pero tambi�n pens�: joder, Luis.
Para saber m�s
Y ahora, pasa una semana, y reincido. Llego a estas l�neas y no quiero m�s que escribir sobre las peque�as texturas de la vida, sobre la casi amistad y la gracia. Estuve en la ciudad en la que me crie y un rato de vagabundeo me llev� a una playa que est� donde acaban las calles. En realidad no es una playa sino un roquedal que ofrece algunas grietas por las que entrar al mar. Con marea baja, el ba�o est� bien; con marea alta da miedo, pero lo que aqu� me interesa es a que, en otro tiempo, fue esa playa un sitio de chabolas y perros sueltos, fue eso que hoy llamamos �ciudad liminal� y por eso mismo atra�a a los errantes en la sombra del finem saeculum. A algunas mujeres trans en topless; a algunos surfistas imprudentes. Entre estos �ltimos estaba mi casi amigo Fede que era y supongo que sigue siendo un hombret�n guapo y negro (un afro-uruguayo de Las Palmas, dir�a �l, guas�n) y provocaba la estupefacci�n de las ba�istas trans, asomadas a la orilla como si fueran las madres de Tibur�n. Hac�an visera con las manos y se dec�an muy serias: �El morenito, el morenito�. C�mo nos re�amos con aquelllo y con Jude, la novia irlandesa de Fede, que sonaba como si Do�a Croqueta fuera de La Isleta. �Era Jude o Judy?
Da igual: esa playa ha sido acondicionada y ya no es ciudad liminal sino un escenario pintoresco e instagrameable y Dios me libre de criticar nada. A m� tampoco me gustaban los dogos majoreros sueltos. Pero me doy cuenta de que en esos m�rgenes hab�a un espacio para lo inesperado y se ha perdido. Qu� pena da pensarlo, �no?
Oye, Luis, �quer�as un art�culo que acabara en una tesis? Ah� lo tienes. M�s o menos.






















