Hoy solo la mitad de los españoles cree en Dios, un tercio en la vida después de la muerte, el cielo o el pecado, y apenas dos de cada diez en el infierno

Misa del Corpus, ayer en la Plaza de Cibeles de Madrid.
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En las últimas semanas se han multiplicado los artículos sobre la posición del Papa y de la Iglesia ante desafíos como la inmigración o la inteligencia artificial. El foco se ha puesto en su liderazgo social. Pero la religión es mucho más que eso. Lo que la distingue de cualquier otra creencia es que se ocupa de aquello que va más allá de la experiencia humana.
Del mismo modo que han evolucionado la identificación y la práctica religiosa, también han cambiado las creencias sobre las grandes cuestiones trascendentes. El CIS preguntó por Dios, la vida después de la muerte, el pecado, el cielo o el infierno en 1987 y 2002; en 2024, la Fundación BBVA recuperó esas mismas cuestiones en una encuesta sobre creencias y valores.
Entre los años 80 y principios de este siglo apenas se registraron cambios. Tres de cada cuatro españoles creían en Dios; alrededor de la mitad, en la vida después de la muerte, el cielo o el pecado; y uno de cada cuatro, en el infierno. En el primer cuarto del siglo XXI, sin embargo, todas estas creencias han retrocedido con fuerza. Hoy solo la mitad de los españoles cree en Dios, un tercio en la vida después de la muerte, el cielo o el pecado, y apenas dos de cada diez en el infierno.
A diferencia de lo que ocurre con la identificación y la práctica religiosa, el retroceso de las creencias trascendentales ha sido transversal. Las personas de derechas siguen creyendo mucho más que las de izquierdas en Dios, el pecado o el infierno, pero la distancia entre ambos grupos apenas ha cambiado en cuarenta años. La secularización no ha alterado ese patrón: simplemente ha reducido la fe en todos los sectores de la sociedad.
Quizá el dato más llamativo sea la creencia en el infierno, una idea prácticamente ausente del debate público actual. Entre quienes se sitúan a la izquierda apenas subsiste, pero entre los que se ubican más a la derecha -del ocho al 10 en la escala ideológica- sigue siendo compartida por el 36%: más de uno de cada tres. Aunque ya casi nadie habla del infierno, millones de españoles siguen creyendo en él. Al parecer, las diferencias ideológicas tampoco terminan después de la muerte.


























