El ladrón dispara al joyero y vende las piedras de las joyas. El mafioso dinamita en la carretera al juez Falcone

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en Roma.EFE/EPA
Actualizado
En la delincuencia, el ladrón, maltratador, violador o asesino intenta que la policía no lo pille y delinquir más; o, si era neófito, desaparecer. En la mafia, el delincuente no evita a los policías, sino que, siguiendo órdenes, los mata, como a los jueces, fiscales, policías o periodistas que en sus ámbitos estorben sus crímenes. El ladrón dispara al joyero y vende las piedras de las joyas. El mafioso dinamita en la carretera al juez Falcone. El delincuente, atrapado, trata de mejorar su pena por buen comportamiento. El mafioso, atrapado o no, trata de impedir que alguien pueda condenarlo, para lo cual es capaz de amenazar, chantajear, secuestrar, torturar y matar. La delincuencia trata de sacar el mejor partido al Estado de Derecho. La mafia trata de impedir, como sea, el funcionamiento del Estado de Derecho.
El impecable -en lo gramatical y lo argumental- auto del juez Pedraz obliga a diferenciar las vulneraciones de la ley por parte de Sánchez, su familia, su partido y su Gobierno, y el asalto al Estado de Derecho. Unas pertenecen al ámbito de la delincuencia; el otro, al de la mafia. En unas tiene derecho a buscar el trato que le convenga según las leyes. Ante el otro, el Estado debe utilizar la ley y, si lo necesita, promulgar leyes especiales antimafia y destruir esa organización que quiere destruirlo a él. Esto es especialmente urgente pensando en el cambio de gobierno, si es que Sánchez se deja, y que, como evidente jefe de la mafia, trata de impedir.
Si moralmente el Plan Z del bambi caníbal para forrarse con el hambre y el terror de los venezolanos es el peor de los crímenes del PSOE, legalmente es peor la mafia creada por Sánchez para chantajear, sobornar, prevaricar y asesinar civilmente a través de sus medios corruptos a jueces, fiscales, policías, guardias civiles y periodistas. Zetapé puede ser el delincuente más abyecto de la historia de España. Su hijo político, socio y firma necesaria para todos sus delitos es el más descarado de los golpistas y el más ambicioso de los delincuentes.
Muestra Pedraz que el día en que se declaró profundamente enamorado estaba tan profundamente corrompido y es tan profundamente corruptor que organizó toda una mafia contra el Estado de Derecho, escudo de los ciudadanos. Esa mafia no sólo debe ser condenada: debe ser destruida o nos destruirá. En Italia, contra el narco que mataba jueces a mediodía promulgaron una legislación especial y urdieron toda una estrategia judicial, policial, militar y mediática. Aún no somos Italia. Viendo la resistencia de nuestra base nacional, cabría hacerlo mejor.

























