Lo más curioso es que esto ocurra en EEUU y con una generación que ha conocido y ha usado estas herramientas mientras cursaba la carrera

EFE
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Eric Schmidt, ex presidente de Google, fue el encargado de dar el discurso de graduación en la Universidad de Arizona la semana pasada. Llevaba diez minutos hablando cuando soltó la tesis central de su intervención: «La inteligencia artificial es para vuestra generación lo que el ordenador fue para la mía». El estadio respondió con un abucheo de varios minutos.
No es un caso aislado. Días antes, una ejecutiva inmobiliaria también recibió silbidos de desaprobación en una universidad de Florida por llamar a la inteligencia artificial «la próxima revolución industrial». Y, en cierta forma, los estudiantes tienen motivos. Las ofertas de empleo para juniors en Estados Unidos han caído un 35% en un año. Goldman Sachs calcula que la IA está recortando alrededor de 16.000 empleos mensuales en todo el país.
El propio CEO de Anthropic ha vaticinado la desaparición de la mitad de los empleos de cuello blanco. A ese panorama se han asomado Schmidt y compañía con el guion de siempre: la IA es inevitable, será maravillosa y vosotros seréis los que la moldearéis.
Sin embargo, la última encuesta de Gallup, de abril, certifica el desgaste. El entusiasmo por la inteligencia artificial entre la conocida como Gen Z se ha desplomado del 36% al 22%. El 31% no quiere saber nada de ella y está dispuesto a sabotearla.
Da la casualidad de que, este mismo mes, Steve Wozniak, cofundador de Apple, también dio un discurso en la Universidad Grand Valley State de Michigan. Durante su intervención, les dijo a los graduados que ellos ya tenían IA, «Actual Intelligence», es decir, «inteligencia de verdad». Y su afirmación, en cambio, fue recibida con aplausos.
Lo más curioso es que esto ocurra en Estados Unidos, el epicentro de la revolución de la IA, y con una generación que ha conocido y ha usado estas herramientas mientras cursaba la carrera. «Sé lo que muchos estáis sintiendo. Os escucho», trató de decir Schmidt para calmar a la audiencia. Pero no funcionó. Tampoco estoy seguro de que sea cierto. La IA tiene un problema de imagen que sus profetas se niegan a ver, ocupados como están en construir su futuro mientras les abuchean en el presente.






















