Editorial
Salvador Illa se presenta como heredero del 'buen' nacionalismo que Jordi Pujol represent�... antes de que el mito se desplomara

Jordi Pujol, el pasado 30 de diciembreEUROPA PRESS
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Que Jordi Pujol quede fuera del juicio por la fortuna oculta del clan no borra su responsabilidad pol�tica ni el significado hist�rico de una causa que retrata la corrupci�n estructural del viejo nacionalismo catal�n. La Audiencia Nacional ha apreciado su deterioro cognitivo y lo ha excluido del procedimiento por razones de salud. Desde el punto de vista humano, la decisi�n puede entenderse. Desde el punto de vista democr�tico, deja una imagen amarga: el gran patriarca que manej� Catalu�a durante d�cadas como un feudo familiar no responder� penalmente por el sistema que personific�.
Pujol fue mucho m�s que un dirigente auton�mico. Fue el s�mbolo del llamado �oasis catal�n�, una construcci�n pol�tica, medi�tica y empresarial que confundi� estabilidad con impunidad. La investigaci�n ha expuesto una trama familiar destinada a ocultar en Andorra una fortuna vinculada, seg�n la Fiscal�a, al favorecimiento de empresarios afines a cambio de adjudicaciones p�blicas. Que ahora el patriarca no se siente en el banquillo tambi�n es un s�mbolo: el de una Justicia que llega tarde y de una sociedad a la que se hurt� durante d�cadas la verdad sobre quienes dec�an hablar en su nombre.
La exclusi�n de Pujol no cierra el juicio. En el banquillo siguen sus hijos, con peticiones de penas muy severas. Pero s� altera la percepci�n p�blica del proceso. Despu�s de tantos a�os de instrucci�n, cuentas opacas y una confesi�n que en 2014 derrib� el mito, resulta dif�cil aceptar que el principal responsable pol�tico del sistema quede definitivamente fuera de la causa. La biolog�a no absuelve la historia.
M�s inquietante a�n es la progresiva rehabilitaci�n simb�lica del ex president. Pujol ha sido blanqueado con honores, tratado por parte del establishment catal�n como si su legado pudiera separarse del entramado corrupto que creci� bajo su sombra. La reacci�n de Salvador Illa, celebrando la decisi�n judicial por su �humanidad�, revela adem�s una operaci�n pol�tica m�s amplia: presentarse como heredero del buen nacionalismo, del orden y de la estabilidad que Pujol represent�... antes de que el mito se desplomara. Sin embargo, no puede haber reconstrucci�n democr�tica sobre la nostalgia de una etapa atravesada por el clientelismo y el saqueo.
Se produce adem�s una coincidencia extraordinaria: Espa�a asiste al mismo tiempo a juicios o investigaciones que afectan a las tramas de corrupci�n del PSOE, del PP y del nacionalismo catal�n. Esa simultaneidad deber�a recordar una verdad elemental: la corrupci�n no pertenece a unas siglas, sino a una forma patrimonial de entender el poder. En Catalu�a, esa forma tuvo durante d�cadas un apellido: Pujol. Aunque el anciano patriarca quede fuera del procedimiento, el juicio debe llegar hasta el final. Catalu�a merece saber toda la verdad sobre el sistema que la gobern�.






















