Editorial
La ciudadan�a ya ha escuchado la imprescindible llamada de alerta democr�tica del fiscal jefe Anticorrupci�n. Una verdadera dignificaci�n de la Justicia y el Estado de derecho

Aldama, �balos y Koldo, ayer en el juicio.TRIBUNAL SUPREMO
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El informe final del fiscal jefe Anticorrupci�n Alejandro Luz�n en el juicio a Jos� Luis �balos, Koldo Garc�a y V�ctor de Aldama ha elevado la vista oral por encima del caso concreto de las mascarillas. En el Tribunal Supremo no s�lo se juzgan esos sobornos: se est� fijando la respuesta del Estado ante una forma de corrupci�n pol�tica organizada desde el Gobierno. Luz�n denunci� con claridad que �la corrupci�n pol�tica est� carcomiendo nuestro sistema democr�tico�. Por eso su intervenci�n posee una dimensi�n c�vica y pol�tica ante la que nadie puede taparse los ojos.
El fiscal reclam� penas graves porque graves son los hechos. No hablamos de irregularidades administrativas, sino de una presunta organizaci�n criminal con vocaci�n de permanencia e instalada en torno al ministro de Transportes. Una red que habr�a usado la pandemia y la contrataci�n p�blica como espacios de enriquecimiento y poder. En un caso as�, la contundencia penal es imprescindible por su car�cter disuasorio.
En ese marco debe entenderse su defensa de la colaboraci�n de Aldama. El empresario no deja de ser un delincuente, pero Anticorrupci�n sostiene que su aportaci�n ha sido decisiva para descubrir ramificaciones desconocidas, en especial los ama�os de obra p�blica. Si quienes salen del entorno criminal y lo denuncian no reciben un incentivo proporcionado, se impondr� �la ley del silencio�. Y esa ley es el clima que protege a las tramas cuando rozan el poder.
La discrepancia con Teresa Peramato resulta inquietante. La fiscal general impidi� que la Fiscal�a solicitara formalmente una rebaja mayor de pena, pese al criterio del fiscal que ha sostenido la acusaci�n. Luz�n acat� la instrucci�n en sus conclusiones, pero utiliz� la libertad de palabra que le reconoce el Estatuto Fiscal para defender ante la sala que es posible apreciar una atenuante muy cualificada. Su gesto fue una afirmaci�n de independencia y de integridad en favor del bien de la Justicia.
Especial importancia reviste su advertencia contra las actuaciones de �poderes p�blicos que normalizan o minimizan conductas corruptas, o descalifican a quienes tienen la responsabilidad de perseguirlas�. Esa frase resume este tiempo pol�tico. Cuando desde el poder se desacredita a jueces, fiscales, guardias civiles o periodistas para proteger a los propios, la corrupci�n deja de ser un delito aislado y se convierte en una amenaza institucional. As�, no es casual que Luz�n haya sido uno de los objetivos de las maniobras atribuidas a Leire D�ez, la fontanera del PSOE.
Por todo ello, su alegato adquiere valor hist�rico: este juicio es el primero de una serie que examina una manera de entender el poder como bot�n e impunidad. Ante este panorama, Pedro S�nchez pretende actuar como si el juicio perteneciera a un pasado ajeno, cuando la responsabilidad pol�tica de quien concentr� en su mano derecha un inmenso poder sobre el Gobierno y el PSOE es ineludible. Sean como sean las sentencias, la ciudadan�a ya ha escuchado la imprescindible llamada de alerta democr�tica del fiscal jefe Anticorrupci�n. Una verdadera dignificaci�n de la Justicia y el Estado de derecho. Caiga quien caiga.


























