
Marco Pompignoli, presidente ejecutivo de Unidad Editorial, junto a la vicepresidenta Sara Aagesen en la clausura del Foro de Expansión.
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La VII edición del Foro Internacional Expansión, clausurada ayer en Alcalá de Henares, ha vuelto a confirmar esta cita como uno de los principales espacios de reflexión económica y geopolítica de nuestro país. El panel de líderes políticos, empresariales y académicos reunido -entre los que se hallaban los ministros Sara Aagesen y Luis Planas, la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, y el ex premier italiano Enrico Letta- refleja la capacidad de Expansión para situar en el centro del debate las grandes transformaciones que redefinen la escena internacional.
Su directora, Ana Isabel Pereda, destacó en el balance del encuentro que Europa atraviesa una etapa marcada por la convergencia de conflictos geopolíticos, tensiones comerciales y profundas disrupciones tecnológicas. Bajo el lema Desafíos para un nuevo orden global: en economía, geopolítica y tecnología, el foro ha analizado precisamente cómo la guerra en Oriente Próximo, la prolongación del conflicto en Ucrania y la aceleración de la carrera tecnológica alteran las alianzas internacionales, los mercados energéticos y las prioridades económicas de la Unión Europea. En esa misma línea, Marco Pompignoli, presidente ejecutivo de Unidad Editorial, advirtió de que el mundo asiste a un cambio de época en el que la economía ya no puede interpretarse al margen de la geopolítica y la tecnología.
Especial relevancia adquirió la intervención de Andrius Kubilius, quien alertó de que Europa ha dejado atrás definitivamente la lógica de los «dividendos de la paz» para entrar en una etapa de rearme y competencia estratégica. El comisario europeo de Defensa insistió en la necesidad de que la industria comunitaria aumente drásticamente su capacidad de producción para reforzar la disuasión frente a Rusia y advirtió de que la fragmentación industrial europea sigue siendo una de las grandes debilidades del continente.
La próxima década estará, en suma, marcada por la capacidad de Europa para adaptarse a un nuevo orden global en el que el fortalecimiento de las capacidades defensivas del continente resultará inseparable de la competitividad económica y de la innovación tecnológica.






















