Solo con receta
Mientras Quiles engorda su comunidad generando el contenido que la enrabieta, el exasesor de �balos se empe�a en proteger la corrupci�n del cuerpo con una cortinilla capilar.

Koldo Garc�a, durante su declaraci�n en el juicio por el 'caso mascarillas'.
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ORNITORRINCO
Dice el meme, empirismo heredado, que en Andaluc�a las mujeres rubias, guapitas y delgadas tienden a acabar casadas con hombres de barriga abarrilada y pelillo fino, tan ausente que el d�a de la boda acaban por construirse un peculiar tup�-trampol�n por el que, como el que se ti�e la melena oscura y deja arrebolarse la barba blanca, les salta la dignidad.
Koldo, en su desmesura, deja que la pelanguera le cuelgue sobre la frente como si se tratara de una parra virgen. Aquello le bambolea sobre la chaveta mientras su abogada media por el "ornitorrinco procesal" que tiene plantado en la sala y con cada declaraci�n Koldo esparce la furia de sus ambiciones. Los mechoncillos irradian un optimismo inaudito. Quieren arraigar en la vida, extender la vasodilataci�n para el rebrote capilar y, con la velocidad del repilo en el olivo, repoblar aquella cabecita que lo sabe todo del alma espa�ola, pero, Dios lo quiera, finge desconocer las palabras que componen su lengua.
Los tres pelillos de Koldo, injertados por el hermano de Antonio Angl�s, conservan en cada cent�metro que el exasesor se obstina en no cortar un empe�o en proteger la apariencia de jovialidad que humaniza al exasesor. M�ralo, piensa uno, almita de c�ntaro. Si hasta da ternura. Perversi�n hecha carnes y ah� est�, empecinado en tapar la corrupci�n del cuerpo con una cortinilla de pelos.
Eduardo Casanova, por su parte, procura hacerlo con la lengua. El protagonista de Sidosa, documental sobre su VIH, le exige a �vole que no le hable "en hetero". �l, como otros que se le parecen, tiene la costumbre de emplear el adjetivo femenino cuando la situaci�n es desagradable, grotesca, deformadora, peyorativa. Con su cabeza llena de tirabuzones, Casanova es el m�s perfecto antagonista de Koldo: sin que a nadie le resulte relevante su moral, despliega una extraordinaria capacidad para caer a todos mal. Para sus amigos y los de Koldo, La machosfera, en Netflix.
EMPATE
M�s bellas que los mosaicos de San Vital de R�vena, �m�s hermosas que las c�pulas del Sal�n de los Embajadores del Alc�zar de Sevilla!, son las im�genes de Vito Quiles en lucha con la cohorte de Bego�a G�mez. Al fin, la victoria com�n sobre las ideolog�as. �l, influencer -perd�n, creador de contenido- pol�tico, Paco Porras milenial, se apunta la macroviralidad y ella y su marido enamorado se colocan a los hombros la carcasa de v�ctimas.
En este mundo nuestro en el que unas gafas de sol desdoblan sus funciones en c�mara de v�deo, todo el que alcanza la notoriedad debe mantenerla convirti�ndose en mimo y payaso, en entretenedor, en proveedor de chascarrillos de oficina, en canguro de la atenci�n de los adultos, que, entre reel y reel, se reafirman en la convicci�n de que al que se le ha podrido la moral es al otro.
En una sola dosis, preferiblemente nocturna, No mires arriba, con Jennifer Lawrence.























