





















Un tiempo después del fallido golpe de Estado del 23-F, Javier Calderón abandonaba el CESID como comandante del Ejército de Tierra. Era secretario general, el número 2. Quince años después, regresó como teniente general, nombrado director de servicio de inteligencia español por el entonces nuevo presidente del Gobierno, José María Aznar. Era el número 1.
Javier Calderón (Dosbarrios, Toledo) ha fallecido a los 95 años y con él se va una parte de la historia de los servicios de inteligencia españoles. Una parte de la historia, todo hay que decirlo, en la que se hicieron cosas buenas, pero también se vivieron momentos bastante cuestionados.
El general Calderón fue el último militar que dirigió los servicios secretos antes de que llegara por primera vez al mando un civil, el diplomático Jorge Dezcállar, también nombrado por Aznar.

Calderón con muchos personajes notorios de los 90. De izquierda a derecha: Faura, ex miembro del CESID y JEME; Pedro Argüelles, que fue secretario de Estado de Defensa; Pedro Morenés, que fue ministro de Defensa; el ministro Eduardo Serra; el ministro Álvarez Cascos; el general Rodrigo, que era JEMAD; Adolfo Menéndez, subsecretario de Estado de Defensa; el AJEMA; el propio Calderón y Santiago López Valdivielso, director de la Guardia Civil.JOSÉ AYMÁ
Durante el 23-F no quedó muy claro su papel. Él mismo escribió un libro hace más de 20 años con La Esfera de los Libros en el que se desvincula de cualquier participación. Al parecer era muy amigo de José Luis Cortina, miembro de la AOME (Agrupación Operativa de Misiones Especiales), procesado en el juicio por el golpe de Estado y absuelto por ausencia de pruebas.
De aquel episodio conviene recordar que Camacho fue uno de los dos agentes del CESID que acusó a cuatro miembros de la AOME de participar en la asonada.
Conviene recordarlo, decíamos, porque cuando años después Calderón fue jefe del servicio, con él entró en vigor por primera vez el real decreto de personal, que permitía decidir quién se quedaba como personal estatuario y quién salía despedido del centro.
En su mandato, unos 30 agentes salieron del CESID por este decreto, y uno de ellos fue precisamente Camacho. Según los que le trataban, Camacho siempre lo consideró una venganza contra quienes conocían secretos del general.
Pero claro, el mundo del general Calderón era un mundo de secretos. Y cuando estos salen a la luz no suele ser agradable. Los servicios de inteligencia siempre son cuestionados cuando se sabe qué han hecho o cómo lo han hecho, aunque mientras eso no se sepa se prefiere pensar que el fin justifica los medios.
Uno de aquellos secretos destapados bajo su mandato fue que el CESID espiaba la sede de HB en Vitoria, como describía en este artículo de 1998 nuestro compañero Fernando Lázaro. Poco después de saberse, el Gobierno se estaba planteando destituir al general, como publicó EL MUNDO en este otro artículo.
Eso no ocurrió finalmente hasta 2001, ya cumplido el mandato de cinco años de Calderón.

Gallego y Rey, retratando a Calderón y las escuchas del CESID.Gallego & Rey
Había pasado una infancia humilde, con su madre viuda y sus cinco hermanos. Se volcó durante su juventud en ayudar en el Pozo del Tío Raimundo a la gente necesitada con el padre Llanos, conocido jesuita que formó el Grupo Forja con el capitán Luis Pinilla, y que agrupaba a militares católicos con inquietudes en común.
De aquellos miembros de Forja, muchos desembarcaron en el CESID, incluido el mencionado Cortina. Y de todos ellos, el más influyente fue Calderón, considerado durante su primera etapa en el servicio secreto como "el hombre fuerte en la sombra".
Aparte de los servicios de inteligencia, otro de sus puestos de importancia fue MAPER, jefe de personal del Ejército de Tierra.
Otra cosa destacada que ocurrió en su mandato fue que el Supremo obligó al CESID a entregar documentos sobre la lucha sucia contra ETA, los GAL. Papeles, por otra parte, que el coronel Perote se había llevado del centro.
En 1999, también vio cómo se juzgaba a Manglano y a Perote por el famoso caso de las escuchas del CESID, asunto que destapó escuchas ilegales a periodistas, políticos, empresarios y al propio Rey Juan Carlos I.
Al terminar su mandato, en 2001, un civil tomó el mando. Pocos meses después, el CESID desaparecía como tal y se convertía en el CNI, el servicio de inteligencia actual. El cambio de nombre supuso una ruptura con el pasado, una legislación nueva, con las leyes de 2001 sobre creación de CNI y su control judicial, y sobre todo, el fin de una etapa, incluso aunque todavía quede gente del viejo CESID en el moderno CNI.
Con la muerte de Calderón, el CESID cada día está más diluido en el pasado.
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